Crisálida

El ying y el yang es un símbolo de armonía, un reflejo del equilibrio que produce la interacción de las dos energías, un símbolo de la dualidad de todo lo que existe en el universo.

Estos días en el chozo han aparecido crisálidas de las que han surgido ideas nuevas, removidas con los aires fríos que traen los temporales. Las flores vuelven al sur, las pilistras reciben las lluvias con alegría. Ya se va el polvo seco del verano. Ya vuelven las candelas, las goteras, pero todo se ha transformado.

Ahora toca reorganizar las prioridades, buscar soluciones a los nuevos retos, esos que el tiempo pone por delante para poder avanzar.

Y así, en ese tira y afloja, en el caos de la armonía, vamos encontrando ese equilibrio perturbador, sin entender muy bien qué ni para qué, tratando de sentir lo que es ahora y que sea eso lo que indique cuál es el siguiente paso.

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Una Cooperativa para conservar y promocionar lo nuestro

Hoy recupero una parte importante de mi trabajo fin de Máster en Desarrollo Rural (2012) sobre “Territorio, Desarrollo y Cultura Turística”. Este último elemento, la Cultura Turística, podría ser la clave para detener el actual ritmo de destrucción de nuestro patrimonio y nuestro entorno, que desde hace décadas está arrancando de nuestros pueblos su autenticidad y su esencia, lo que a su vez significa -para aquellos que se excusan en razones de rentabilidad, que no es mi caso-, que muchas oportunidades de desarrollo socioeconómico en el contexto de las nuevas formas de turismo internacional, se esfuman a un ritmo vertiginoso.

Cultura Turística

La Cultura Turística parte de los conocimientos que la población tiene sobre su historia y su patrimonio material e inmaterial y se sustenta en el valor que le otorguen. Este es el punto de partida. Pero la cultura turística se retroalimenta en un ciclo en el que además de estos conocimientos y valores, la capacidad de comprensión que la población tenga sobre las oportunidades de desarrollo socioeconómico ligadas al turismo. juega un papel esencial. Estos serían los cimientos de la cultura turística de cualquier comunidad. Con estos cimientos bien asentados, la difusión, promoción y comercialización han de contribuir a la llegada de turistas para que toda esa teoría pueda materializarse. Para ello es imprescindible el apoyo de las Administraciones Públicas y de un tejido social que aúne sus fuerzas con el fin de alcanzar una cierta notoriedad entre los mercados de productos turísticos.

En el artículo “Contradicciones del turismo cultural, la economía y la política”  (Alfredo Ascanio, 2004), publicado por la revista PASOS 24 en 2004 una publicación especializada en Turismo y Patrimonio, se recoge una interesante idea:

“La esfera de acción turística de una comunidad, supone una especialización del sistema comunal, al interiorizar y organizar su experiencia que proviene de la presencia del visitante foráneo. Esa nueva facultad, o rol de una comunidad, de ser un buen anfitrión, está formada por individuos que forman parte de un conjunto. (…) Ahora bien, en este asunto: ¿dónde ubicamos la cultura? (…) Gradualmente una nueva esfera de acción, como la actividad turística, produce una nueva y marcada  dirección: la cultura turística; es decir, un sistema de creencias empíricas, expresadas mediante símbolos y valores, los cuales definen la situación dentro de la cual una acción turística tiene lugar. Esta nueva dimensión de experiencias, que llamamos “cultura turística”, está organizada en un sistema de símbolos, que a su  vez se relaciona con el comportamiento de los individuos y sus motivaciones. (…) Esta cultura turística, que es una nueva dimensión, tan compleja como la cultura original de una comunidad, requiere de un proceso de adaptación que sólo la misma comunidad debe aceptar o no. Al comienzo será necesaria una reestructuración psicológica  que no sólo haga posible su adaptación, sino que también surja un reajuste cultural, el cual supone innovación y creatividad (Hallowell, cf Ashley, 1968: 239)”

Chozo Monte Porrino 2015

La función principal de una Cooperativa Turística Municipal sería la de dinamizar la actividad turística de su municipio, trabajando por la recuperación y conservación del patrimonio, por la adaptación edificios que pudieran utilizarse para aumentar esta oferta turística en forma de alojamientos turísticos o de actividades complementarias. Entre sus funciones también estarían las de sensibilizar y formar a la población en torno a su patrimonio y las oportunidades del turismo; en definitiva la Cooperativa Turística Municipal se encargaría de la promoción y mejora de la cultura y la infraestructura turística del territorio.

Estas cooperativas, como no puede ser de otro modo, estarían formadas por aquellos agentes socioeconómicos e institucionales interesados en formar parte de este proyecto de forma voluntaria, entendiendo que el turismo puede ser un importante instrumento para el desarrollo local, que puede constituir un interesante yacimiento de empleo para el municipio y que ayudará a la recuperación y conservación del patrimonio.

La articulación de una oferta turística original, singular y con base en la cultura de la población contribuirá a una mayor rentabilidad del proyecto que, por otra parte, irá acompañado de unos valores sociales propios de las cooperativas: la solidaridad, la igualdad, la vocación social y el uso eficiente de aquellos recursos de los que dispone.

Probablemente la composición de estas cooperativas y su funcionamiento sería muy distinto en cada pueblo. Por ejemplo, en aquellos que cuentan con un mayor dinamismo turístico y un mayor número de plazas de alojamiento turístico, estas cooperativas estarían integradas por el conjunto de alojamientos turísticos y demás empresas que estén interesadas en formar parte de la oferta turística que se pone a disposición de los visitantes: artesanía, industrias agroalimentarias, restauración actividades en la  naturaleza o granjas. Sin embargo, en aquellos otros pueblos en los que la oferta de alojamiento turístico es muy baja o no existe, esta cooperativa podría tomar como referencia el modelo de desarrollo turístico “Albergo Diffuso” de manera que los edificios del pueblo que cumplieran con los requisitos legales para su adaptación como
alojamiento turístico, fueran poco a poco recuperados (cumpliendo al mismo tiempo una función de mejora del patrimonio arquitectónico) para poder articular una oferta turística en la que habría que incluir otros servicios y actividades que pudieran desempeñar los vecinos, siempre bajo las premisas de la autenticidad y las tradiciones de cada pueblo.

A modo de ejemplo

Imaginemos por un momento la recepción del hotel en alguna de las pequeñas casas abandonadas del centro del municipio, con planos sobre la ubicación de las habitaciones o apartamentos en los que los turistas pueden alojarse y con información sobre las actividades que ofrecen sus vecinos (recetas típicas, elaboración de dulces tradicionales, rutas de senderismo, artesanía, oficios tradicionales, avistamiento de especies animales autóctonas, recolección de espárragos, juegos tradicionales) y un calendario actualizado de eventos y celebraciones (romerías, semana santa, las cruces de mayo, fiestas de verano).

En definitiva, las Cooperativas Turísticas Municipales actuarían como un “Club del Producto” encargado de velar por la calidad de los servicios turísticos que ofrece el municipio, de conservar y recuperar el patrimonio material en inmaterial de los pueblos y sensibilizar a la población en torno a la importancia del turismo así como capacitar a las instituciones y agentes relacionados con el turismo (incluso a otros sectores de la población) en relación con la historia y el origen de su patrimonio histórico, cultural, artístico y natural.

Breve reseña autobiográfica

Nací en Salvaleón, un pueblo de la comarca Sierra Suroeste -Badajoz- a mediados de los años ochenta. Mientras crecía asistía atónito y feliz a la modernización de mi pueblo, a la construcción de hermosas viviendas que sustituían esas otras casas viejas. Contemplaba la prosperidad de mis vecinos que se afanaban en demostrar  continuamente que les iba bien, mejor que al resto. Individualismo. Recuerdo que cuando era pequeño algún compañero me preguntaba cuánto dinero tenían mis padres, y fuera la cantidad que fuera la que yo me inventaba, los suyos siempre tenían más. Mientras tanto se cambiaban las aceras, se asfaltaban las calles de piedra y se construían polideportivos y carreteras. Mi alegría era mayúscula al ver que mi padre compraba otro piso y que en el pueblo cada vez había más coches, buenos coches. Ya adolescente, jamás pensé en la importancia de la dehesa más allá de aquel lugar en el que nos emborrachábamos durante la romería. Luego fui a la universidad, viajé y me convencí de que jamás regresaría a aquel lugar donde nací en el que la gente se dedica a criticar a los demás, una frase muy recurrente entre los que llevan toda la vida en el pueblo. En mis viajes vi pueblos, pueblos de piedra, llenos de flores, con casas viejas y hermosas, con cuadras, tranquilos, pueblos que comparaba con el mío irremediablemente. Algo extraño pasó cuando la alegría que sentí en su día por ver aquellas casas nuevas en mi pueblo se convirtió en una profunda tristeza, similar a la que sientes cuando pierdes un vecino que de vez en cuando te contaba historietas de tus bisabuelos. Después vino el regreso a la realidad, la reflexión sobre lo que hubo y lo que no hay, sobre lo que se ha perdido para siempre. Una realidad que para cada vecino es distinta, cada uno tiene la suya y se empeña en no compartirla con los demás. Cada uno pinta su fachada, cuanto más grande mejor, mientras el resto de casas de la calle se caen de tristeza.

Y el campo: un negocio en liquidación. Saqueo, sobre y explotación, abuso, falta absoluta de respeto, destrucción y, lejos de poner remedios, miramos para otro lado o, como mucho, lo comentamos en el bar sin dar muchas voces.

 

Jonatán Fernández Sanz - Guía del Cielo Estrellado

Eclipses

Cualquier excusa es buena para juntarse. En este caso, el eclipse de luna más largo del siglo ha significado una oportunidad para mirar al cielo de la mano del guía de estrellas más mágico del universo.

Amigos y familia llegaron con viandas, sonrisas y curiosidad.

Entendimos cómo la tierra provocaba la penumbra y la ocultación total de la luna. Venus, Jùpiter, Saturno, Marte. Todos fueron apareciendo robándole protonismo al personaje principal de la noche, La Luna de Sangre. Roja, escondida por la sombra de de La Tierra, camuflada por la niebla del horizonte. No la vismo salir, sino que especulamos con un hipotético retraso en su aparición, incluso llegamos a pensar que le daba vergüenza salir de tanta gente como la esperaba. Pero nada, fue discreta, y no se hizo notar hasta bien entrada la noche.

La sombra fue dejando paso a la luz. La Luna de Sangre se fue tornando blanca y empezó a dibujar las sombras de las encinas en el suelo.

A la mañana siguiente, el desayuno se alargó hasta la merienda, siesta, terraceo. ¡Madre mía que ganas tenía de un día así! Gracias por vuestra visita y vuestra energía.

¡En breve nos ponemos en marcha con los nuevos planes! … Baño seco, gallinero, piscina.

Jeje.

 

 

Pasamos lista… ¡cuántas plantas!

Se cuentan 21 pilistras. Eran de mi abuela, de la Isabel Albarrán, de la Tere Guisado, de la Juani la del Ayuntamiento, de la Puri la madre de Gema, de la Tomasa la madre de Esmeralda, y de alguna más que se me escape. Hace algunas semanas las partí, por eso hay más. Con ellas se encuentra una Aureola que da gloria.

Ya pasó el atardecer, el zumbido de los escarabajos -que solo pueden escuchar quienes duermen bajo las encinas- acompaña a los grillos, que cantan mientras los colores se convierten en sombras.

Hay muchas otras plantas. Si empezamos el paseo desde el este, con intención de girar al sur, justo por la entrada, ahí crecen dos parras, una blanca y otra negra, de Almendralejo las trajimos, cerca crece el romero y y escondido entre las pideras, un tomillo, el más discreto y auténtico. Cerca se erige el Algarrobo, con hojas brillosas y tronco flexible, crece lento. Algunas de las Aloes de Lola han sobrevivido al invierno y recuperan su verde y su salud con el sol y el calor.

Ayer fue San Isidro. El campo está repleto de flores blancas, amarillas y lilas. Las salvajes, las más locas, las más valientes. Se ve que las que están dentro del recinto están fasciacionadas, sí sí, fasciacionadas, de fasciación, que les pasa a las plantas cuando están agusto, búscalo verás qué curioso. Cómo me gusta que estén así de fasciacionadas. Una de las más fasciacionadas está a lado del Algarrobo -otra, la más flipada de todas, está junto a Víctor, el Fresno, más al noreste, luego vamos a verla-.

Segimos hacia el sur, por ahí por donde ahora cuesta andar debido a la altura de la hierba, verde, fresca, con más de un metro de altura. Ahí escondido hay un maravilloso Alcornoque, el que mejor está tirando de todos los que hemos sembrado hasta ahora -unos 100-, junto a él, una retama y un espino albar. Un trío de escándalo. Un poco más allá el Almendro, el que veo desde mi ventana cuando me despierto por la mañana, que si el año pasado estuvo pachucho, este año ha dicho “¡aquí estoy yo!”, da gusto verlo. Y aquella Adelfa que nació espontánea a los pies del Almendro, que por cierto tiene almendras, ahí sigue, feliz ella, tirando parriba, muy cerca hay una aloe que trata de adaptarse a un inesperado macetero de corcho, más romero, más tomillo, este con un intenso olor a limón, y otras dos aromáticas que no sé cómo se llaman -no saben ellas cuánto lo siento-.

Vamos a salir de aquí para no dejarnos atrás el porche, cuidado que no pisemos a la hija del sol, que va cogiendo fueza, y el limonero, que desde que llegó hace unas semanas ha pegado un remiendo de miedo.

En el porche cuelga una petunia con flores de terciopelo lila, lila oscuro, y en el suelo una gitanilla a punto de florecer, sana como una pera. Pegada a la pered, la Parra Virgen trata de agarrarse al muro para asegurar su escalada hacia el emparrao, a su lado, una tímida Gardenia que parece que no acaba de decidirse y un rosal, bueno dos, uno de Ángel y el otro de Adrián, uno joven y lozano y el otro tratando de echar raíz.

Ya apareció Júpiter.

Voy a ver qué hay al lado de los rosales, que no me acuerdo… Otra gitanilla, también a punto de caramelo. ¿De qué color serán las flores? La acompaña un almendrito que ha nacido hace unos días donde se suponía que rebrotaría el Colio, nada, los que salen por los que entran. Pobre Colio. El invierno ha hecho estragos. En el pollete de la ventana, una cinta y un helecho chiquino lucen felices. En el pedestal de forja verde, una Petunia Blanca como una novia crece y florece sin cesar, grandes y delicadas flores inmaculadas. Enfrente, a ras del suelo, con un plato de la Catalina debajo, una Petunia Granaína, también lila, pero más clarito, trata de acomodarse con la Manola Blanca en un macetero mu lindo que me regaló mi tía María Jesús.

Otro pedestal, con tres macetas, la de arriba un Alelí, a media altura unos que parecen claveles, yo les digo Micrófonos y son amarillos. y más abajo comparten macetero algunas de aquellas plantas mágicas que vinieron de Trujillo, un geranio como ajilargao de flores blancas y rosas que huele a limón y una de esas que son como flores con hojas de cactus, sin pinchos, que echan flores amarillinas. Al lado de este pedestal está la estantería…

Con plantas pequeñas que crecen en un espacio privlegiado, con todos los cuidados del mundo. Aloes, cintas, hierbabuena, romero, manolas, gitanillas, begoñas, las del dinero, encinas, palmeras, y vete tú a saber qué mas sorpresas tiene por ahí escondidas Jonatán.

En la pared y en la ventana, más cintas, un helecho chiquinino, y en el suelo un ficus y un poto que no tienen pinta de haber superado el invierno… qué penilla. En la orilla la Manola Fucsia, recién llegada de an cá la Puri y otra de la Ascensión -ambas de vecinas de la Calle Santa María-. Luego está el Arce, que el pobre lleva roando unos días, y hoy lo he transplantado a un macetero más aparente. Ese, por lo visto, igual que la Parra Virgen, cuando llega el otroño, se le ponen las hojas rojas.

Al pie del siguiente poste está el Palmito, con el Geranio Rosa y la Gitanilla de la Antonia. En la pared, helechos de la Juliana y una planta que llevaba tiempo diciendo que quería tirar y que está tirando estupendamente, verás tú cuando le salgan las florecinas esas menúas que echa.

Vamos de poste a pared y de pared a poste. En el siguiente poste, la Luciana a punto de florecer tras una larga crisis, el Geranio Rojo a tope y la Yuca, con un cactus que parece un brujo y alguna aromática pero mu endeblina, parece hierbabuena. En la pared, el ficus de la María la Boyera, que ese sí que ha superado el invierno, igual que la Manola Chica que crece al pie del poste y que hoy le he quitado por lo menos 10 flores para que siga creciendo otro poquito, es mu chica todavía! Volvemos a la pared, en la ventana, y dos maceteros amarillos contienen sendas plantas colgantes. Una del huerto de Adrián y la otra del macetero donde estaba el Palmito, que lo transplanté el otro día para dale más espacio a él y al rosal pequeño que decía antes, que vinieron juntos desde Trujillo.

Y por último, en el proche, ya al sureste, un Ficus nuevo, de la Puri y la planta de la Antonia que tuvimos en el piso, que si no toca nada, crece ella más agusto y más espléndida, así que ahí está, a sus anchas.

Al sur del porche, si volvemos al Limonero, veremos cómo Sebastián, el Moral, crece descontrolado. El tronco ya va con ella, y las moras también. Una mijina más atrás y más al este, se esconden de mi padre Sara la Jara, la Mora y la Jaguarza, que parece que es más hembra que macho. Denostadas todas ellas, propias de aquí, esas si que saben cómo funciona el campo, no mi padre…

Si seguimos por la valla, encontramos 2 Naranjos y un Ciruelo tratando de acomodarse a su nuevo hogar.

Y al norte, imponente, majestuosa, la Madre del Chozo, la encina de la sombra más cotizada, la que nos abraza con sus raíces.

Por el porche, una vez pasados todos los trastes: depósito de cenizas, leña, puertas, ventanas y batientes de la Catalina, muebles y baldosines, los de aquella casa de Orellana la Vieja, llegamos a la puerta del norte, la pequeñita, con una cortina preciosa, también de la Catalina, y ahí nos reciben las pilistras, la Tomasa y la Juani siguen como el primer día, esas no las he partido. Dentro del chozo, se reparten el resto, buscando el fresquito y la sombrita de la estancia.

Al lado del fregadero, ya en el porche, crecen Papá y Mamá Kiwi. Más allá, dirección al San Pedro, un Laurel, un pimiento y un melón. Las plantas de la Ascensión crecen en su sitio original, ahí está el tronco principal de donde han ido saliendo tantas otras. Hoy he visto que aquella chiquinina que se arrastraba y echaba flores fucsias sigue viva, a ver si se anima, dice Joni que se llama Misino Gatino.

Si vamos en el sentido de las agujas del reloj, partiendo del Jazmín Amarillo y del Laurel, tenemos, a un lado y a otro de curso del agua, Tomates, Albahaca, Pimientos, Rúcula, Hierba Luisa, Hierabuena, Menta, Presta, Cilantro, Incienso, Tomillo, Stevia, Perejil, Ruda, Salvia, Manzanilla, Berenjenas, Cantueso, Orégano, Valeriana y Víctor, un Fresno de 12 años que nació en San Martín de Valdeiglesias (Madrid), sobre las cenizas de Víctor abuelo y que Victor padre se trajo a Villanueva del Fresno con Víctor hijo, Víctor Fresno se hizo grande y decidió venirse la chozo. Ahí está el tío, detrás del horno, creciendo como una fiera. A sus piés, una pequeña charquita donde las cañas van apareciendo. En ese hueco tiene Jonatán un pequeño hospital con gitanillas, sardinas, bolas del mundo, cactus, almendros y otras plantas de esas que a él le gusta recuperar. La verdad es que están todas bastante bien.

Al este del horno, un arreate donde crecen sardinas, gitanillas, cactus y un montón de semillas que eché el otro día… a ver qué sale. Y justo al lado, en el macetero donde vino Víctor, emerge orgullosa el Ave del Paraíso, que creo que le ha molado el sitio.

La silencina está muy muy bien acompañada por el Galán de Noche y el Jazmín. Por su espalda, crecen sin descanso la Madreselva, las Jeringuillas, los Lilos y la Buganvilla Rosa que dábamos por muerta. También crece, pero este mucho más tímido, un Granado de Orellana. Por completar el porche, al otro lado de la puerta principal, la Buganvilla Naranja va acomodándose al muro para empezar a escalar hacia el emparrao donde un día se econtrará con la Parra Virgen.

Volvemos al este, a la entrada, y ahora cogemos dirección norte. La parra, no sé si blanca o negra, está acompañada de una retama negra, con tomillo en el tobillo, un espino blanco y una cornicabra. Más al norte otra cornicabra rodeada de alcornoques, una palmera y un acebuche joven y lozano. Seguimos con más retama negra, recién brotada, lavanda, otro Granado, que veremos a ver, y una Zarza Mora feliz como una Perdíz, acompañada de más romero, el Membrillo, el Mirto, el Limpatubos, el Manzano, el Arbusto de Elena, la Falsa Olivilla, el Melocotonero, el Peral y otro Equipo de Espino Albar, Retama y Alcornoque.

Las Coscojas de Orellana se están animado al lado de las Fresas, el otro Mirto, las Judías, los Girasoles y las Lechugas, junto con el Jazmín Amarillo y una encina chiquinina. Imagino que saldrá algún ajo de los muchos que sembramos al lado del otro Acebuche. Más espinos blancos, más retamas, madroños, encinas y un acebo nos llevan hasta el vivero de encinas y alcornoques, al norte del recinto, bajo la encina más coqueta y más estilizada del lugar. Ahí, bandejas forestales con bellotas germinadas se llenan de futuro para estas tierras. Además, también germinan nueces del Nogal de la Isabel la de la UPA. Los alcornoques este año son apostólicos.

Para cerrar el recorrido por la valla, pasamos del vivero y nos encontramos con un Nogal estupendo, un Laurel que vino con Víctor -trayectoria similar- y Sergio, el castaño que finalmente brotó.

El verano será muy entretenido!

Sobre padres e hijos

La obra de ayer en el Espacio Guindalera de Madrid, ‘Sobre padres e hijos’, me mantuvo abstaído durante la hora y cuarenta minutos que duró.

El choque generacional, el conflicto entre lo que somos y lo que queremos ser, el rechazo a las manías de madre y a las expectativas de padre, que no son sino rasgos de uno mismo que tan pronto detesta como defiende, luchas internas, contradicciones que atormentan a quien trata de definir su postura mediante la combinación del compromiso, -en mi caso- la ruptura política, el rechazo a la herencia recibida, la coherencia y la búsqueda de la justicia y la libertad, integrando en esa postura la amistad, el amor, el miedo, la familia y los valores.

Siempre quise presenciar una conversación entre una de esas madres de negocios con la espalda erguida y su heredero. Escuchar los argumentos que sostienen el status quo político, en el jardín de una casa burguesa, donde tío y madre viuda, defienden el respeto al legado recibido y alertan ante el peligro de destruir el bienestar alcanzado.

También me llamó siempre la atención el desarraigo de esas reinvidicaciones universitarias y urbanas para con sus orígenes. Sus propuestas rupturistas y su desapego con las comunidades rurales donde crecieron y donde se fecundaron esas ansias de libertad.

Tanto el desarraigo como la veneración a la herencia son elementos centrales de esta historia en construcción, que recrea escenas cotidianas en cualquier familia en la que madres e hijos, vecinas, tíos y sobrinos, traten de intercambiar su visión del mundo y sus fórmulas para dar respuesta a los desafíos de la sociedad.

En la obra, las flores, de desafortunado plástico, en un impecable escenario, son las que nos llevan del campo a la ciudad, de la sencillez a la opulencia, de la resignación a la soberbia, de una familia a otra. Y en este ir y venir, una elegante y delicada narradora acompaña al espectador en una reflexión permanente sobre este conflicto, el generacional, que persigue al ser humano desde los orígenes de la filosofía.

La seductora dama y su pasado, complementan una historia en la que, como dijo Segismundo: ‘todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende’.

http://www.madrid.org/surgemadrid/2018/padres.html

La antesala de la primavera

A punto de florecer, con ganas, con agua, con ilusión, verás tú cuando salga el sol.