Luna nueva, nueva estructura

La sensación de que hoy empieza todo vino antes de saber que anoche fue luna nueva, y que hoy empieza el año nuevo chino. Parece que el inicio de esta década trae presagios positivos, con nuevas energías que dejan atrás esta época de bloqueo y energías negativas. ¡Menos mal! ¡Ahora sí!

El año que hoy empieza es el de la rata, mi animal en el horóscopo chino, así que, ¡empieza mi año! Hoy, justo hoy, 5 días después de mi cumpleaños. Un año que aparentemente es una oportunidad para activar las energías mecánica y mental. La energía mecánica es aquella que usamos para movilizarnos a diario, es la fuerza que usamos para realizar un trabajo físico, pero no mental. Por su parte, la energía mental es la que usamos para una vez que llegamos a nuestro destino, realizar un trabajo mental que nos permita ejecutar nuestros movimientos con calidad y exactitud. Habrá que tenerlo en cuenta.

Pero la sensación de renovación, más allá de lo que diga el horóscopo chino, el chozo también se pronunció. Nuevas estructuras, nuevos equilibrios, confiemos en la reciprocidad, que cada uno asuma su responsabilidad; sus compromisos son con el todo, mi compromiso no es contigo, que eres un elemento más de un todo, el compromiso es con el todo.

Luna nueva, nueva estructura. Una estructura es un “conjunto de relaciones que mantienen entre sí las partes de un todo”, también se refiere al “modo de estar organizadas u ordenadas las partes de un todo”. La estructura recíproca de la cubierta augura un tiempo de orden y serenidad. Del interior del alma, digo, del chozo, han desaparecido obstáculos que bloqueaban el flujo de la energía, impedían contemplar la plenitud de la estancia y, a pesar de que pudieran resultar útiles, provienen de un momento que ya ha quedado atrás.

Estamos en un nuevo tiempo. La estructura está consolidada, apoyada en una base estable. Demos rienda suelta a la imaginación para disfrutar de los matices, ¡lo importante ya está aquí!

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Eclipse en Capricornio

Aunque no me hayas pedido perdón, te perdono.

Y lo hago en nombre de mi ego, el principal afectado por este terremoto que, acompañado de vientos huracanados, ha dejado todo reducido a escombros, tal y como ocurrió hace un año, cuando el fuego devoró las pretensiones de ese ego, el mío, que se creía por encima de la canopia, y que ahora, con los pies en el suelo, ha tomado conciencia de la importancia que tiene el respeto al equilibrio, a la armonía, a la humildad, al origen.

Este tiempo de solsticios, eclipses, penumbras y transformaciones es una nueva oportunidad para dar las gracias. Gracias por tanta energía, por tanto cariño, gracias por sacudirme la moral en la inercia del día a día, por cuestionar lo incuestionable, y gracias por derribar el puntal que sostenía mi ego en un momento decisivo.

La imagen es desoladora, da igual la dirección en la que mire, no sabría por dónde empezar. En otro tiempo fue necesaria la ayuda de muchas personas, ellas tomaron la iniciativa de derribar lo poco que quedaba y empezar a retirar los escombros, quemar los restos y empezar a soñar de nuevo. Ahora estoy solo, camino entre las ruinas de algo que ya se tambaleaba, pero nadie puede ver este caos, nadie entiende la magnitud de mi tragedia, porque nadie conocía la dimensión del amor que te tenía, ni la magia que atesoran esas manos, ni las estrellas que brillan cada noche en tus ojos, ni el poder de tus conjuros.

¡Qué dolor tan hermoso! Cuando no es posible lo que quiere el corazón. ¡Qué dolor tan grande! Cuando disfrazamos de traición al desamor. ¡Qué dolor tan profundo! Cuando son las palabras las que nos impiden llegar a la verdad.

Gracias, gracias, gracias. Gracias por curar mi mal mayor. Gracias por tu generosidad y tu tiempo. Gracias por venir, por volver y volver. Por sembrar y construir. Gracias por tus cuidados.

Gracias por tanto amor.

 

El equinoccio y la reciprocidad

Si nos ayudamos, lo conseguimos, no cabe duda. Ese es el mensaje que esta nueva cubierta lanza desde el corazón de la dehesa. En la reciprocidad está la respuesta, en repartirse el peso de forma equitativa, en asumir cada cual su propia responsabilidad, conscientes de que si no es así, todo se viene abajo.

Para colocar esta maravilla encima del muro han hecho falta amigas y amigos que, igual que la estructura que hemos creado, precisaba de organización, comunicación y coordinación.

Coincidiendo con el equinoccio, tiempo de cosechar y momento de equilibrio, el chozo vuelve a ser testigo de un encuentro mágico, cargado de emociones, abrazos y armonía. ¡Qué mejor cosecha!

Gracias Berna, Piqui, César, Morán, Carlitos, Ana y gracias hermano.

Hoy la noche será más larga que el día. Es momento de recogimiento, de prepararse para el invierno y, ojalá, para las lluvias. Aún queda mucho trabajo por hacer, pero hoy es sin duda, otro de esos días históricos para este proyecto, que no es otra cosa que el reflejo de la ayuda de quienes deciden pasar por aquí a dejar lo mejor de sí mismas. Solo espero que esta sensación sea recíproca.

Camuflaje
El chozo en la jesa
Salón comedor provisional

Todo es provisional

Hasta que llueva, y lleva ya unos meses sin llover, se puede tener el salón-comedor a la sombra de la encina. Que quien a buen árbol se arriba, buena sombra le cobija. ¡Menudo lujo! Eso sí, provisional.

Mientras disfruto de este peculiar espacio, mi cabeza viaja por las calles del pueblo buscando un hogar en el que colocar pilistras, sardinas, manolas, aureolas, ficus y compañía. La provisionalidad del escenario lo hace aún más atractivo. Busco un hogar provisional. Me gustan los cambios ¡Todo el día moviendo macetas! De corral en corral. De portón en portón. Buscando bóvedas, alacranes, pesebres y atrojes. Llamando a los herederos de aquellos que un día contruyeron nuestro pueblo. Con tierra, cal piedras y mucho, mucho esfuerzo.

En cuanto entro en la casa me voy derecho al topetón. Todas tapiadas, chimeneas cercenadas porque “entraba mucha mierda” ¡El coño vuestro! ¡Qué poquitas quedan ya en las que se puede hacer una buena candela! ¡Y cuánto puto terrazo! Con las lanchas que debía haber visto.

¡Quién le iba a decir a aquellos albañiles que estas casas eran provisionales!

Provisionales han sido los pajares y las cuadras, los poyos y los pozos, provisionales los doblaos y el paso de la sala a la alcoba. ¡Una buena obra que dure toda la vida! ¡Menudos destrozos! ¡Qué pérdida tan grande la de esa historia que se va en cada una de esas casas! Si con los jóvenes se nos va el futuro, con nuestro patrimonio se esfuma nuestro pasado.

Sin embargo es esa provisionalidad la que hace todo mucho más especial. Disfrutarlo sabiendo que será por poco tiempo. Observarlo como algo a punto de desaparecer para siempre. Como la vida misma.

¡Cómo me gusta este salón-comedor provisional!

* Y bueno, lo de las casas, a pesar de la tragedia, quedan algunas espectaculares. Si conoces alguna en Salvaleón que pueda visitarse para rememorar viejos tiempos, te agradecería más información.

Agua inesperada

Ya hacía meses que no llovía.

Es asombrosa la capacidad de las encinas para soportar  meses y meses de sequía. Resistir esos vientos secos y cálidos que embisten sus copas,  sostenidas por ramas, que más que ramas son los jeroglíficos de nuestra historia.

Ramas fuertes por naturaleza, debilitadas por los negocios de los pueblos.

Este agua inesperada devuelve el polvo al suelo, levanta olores y sensaciones de otoño y alegra el verde de las hojas.

 

Encinas, a sus puestos

Las encinas resisten. Son fuertes. Son el batallón en el frente contra el silencioso ejército que avanza con el desierto.

Hoy reciben el aviso de los batallones lusos, mensajes de humo que llegan advirtiendo de un desastre que, lejos de combatir, aceleramos con nuestras prácticas, bien por abandono bien por sobreexplotación, es cuestión de gestionar con cabeza y, sobre todo, con corazón.

El Bosque Mediterráneo y, por ende, La Dehesa, claman socorro a quienes lo han llevado al abismo. Nosotros, las civilizaciones mediterráneas, a las que acogieron aquellos bosques prósperos y generosos, somos hoy responsables de devolver al entorno el equilibrio natural del que, como especie autóctona, requerimos para mantener nuestra forma de vida.

 

Campaña elecfloral

No sé a quién votar. La verdad es que todas están haciendo muy buena campaña. Están mostrando sus mejores flores, pero ya sabemos que luego llega el invierno y tó se queda en ná. 

La verdad es que viéndolas así de espléndidas, tan rojas, tan moraditas, tan coloridas, tan echás palante, entran ganas de dejarse convencer por sus cantos de sirena, aplaudir cuando se ponen de cara al sol, cada una entonando su himno, soberbias y altivas. Todas ellas animadas por ejércitos de yerbas comunes que las vitorean, en un afán de sentirse parte de algo, aunque sea solo durante un par de semanas.

¡Qué más da si son venenosas o duran tres días! A mi madre le gustaba la roja y yo para las azules ni miro. Las lilas me llaman la atención, mucho, pero las conozco hace poco y no me fío, el año pasado salieron muchas, pero este año, ¡ni la mitad! Han salido algunas naranjas, preciosas, ¡con unas ganas! Pero me tienen mosca, el color les cambia de un día para otro, y hay veces que no sabes por dónde van a salir.

Y están las que no florecen nunca, que han entrado en campaña sabiendo que su flor  no hará acto de presencia, no confundamos a estas con aquellas otras flores verdes que se secan antes de madurar, esas pobres, ignorantes, son dignas de lástima, a las que me refiero son a esas otras que le dan vigor al jardín, a esas hojas verdes que recogen la luz para llenar de vida el huerto, el parque y los bosques, esas suelen estar al pie del cañón todo el año, así que creo que finalmente voy a decantarme por el verde de toda la vida, por las que han demostrado fidelidad a pesar de las dificultades. Eso sí, benditas las campañas, que los capullos afloran para engatusar a clientes quienes solo se interesan por el color, y quieras que no, el espectáculo es entretenido.