Last winter full moon

La última Luna Nueva de invierno es la que aconsejan para hacer acopio de materiales naturales para construir: cañas, retamas, juncos, mimbres. Su savia se rige por la luna. A partir de hoy, la sangre blanca comienza a regar con más fluidez para que las plantas se entreguen al despertar de la primavera.

Año tras año, esta luna marca un cambio importante.

En esta ocasión, la visita de Nele, Lena, Ingo y Pepe ha devuelto al chozo su carácter bohemio y silencioso, la música elegante, los brindis de miradas profundas y el trabajo concienzudo para rematar lo que hace tiempo se empezó.

Y esto es la hOSTia…

¡Intrépido! ¡Ácrata!

Con arrojo, con valor, asumiendo que los miedos son los que nos marcan el camino, entendiendo que han sido muchos los errores y, por tanto, muchas las lecciones.

Apartando la reflexión para otro momento e izando la bandera de la osadía.

Por la creación de espacios místicos, ácratas, esdrújulos, pacíficos, donde lo que pase nazca de la voluntad y la inspiración y la legitimidad sea la que a cada cual le ofrezca su corazón.

No, no espero nada, solo a mi intuición, que me siga marcando el camino.​

Aquello tan hermoso que un día fue, ya no es. Hoy vienen nuevos equilibrios, nuevas técnicas, nuevas formas de expresión de la belleza, que lo bello, al fin y al cabo, está por todas partes.

Ahí siguen las estrellas, ahí siguen las plantas y los sueños, ahí sigue el ímpetu, la alegría y las ganas de vivir, de construir y de seguir creciendo.

 

 

 

02022020, ¡capicúa!

¡Que las raíces de mi casa sean de encina!

El 2 de febrero de 2020 es capicúa, de esos números marcan hitos. Hito tras hito.

Otro nuevo ciclo, un adelanto de lo que será una primavera prematura, espermatozoides de bellota fecundando la pared de piedra y barro.

Espirales dibujándose sobre la cubierta recíproca.

Las simples cosas, esas de las que uno se despide insensiblemente, esas a las que les damos la bienvenida para entregarlas al devorador paso del tiempo, el que las madura, el que las embellece, el que las destruye.

Luna nueva, nueva estructura

La sensación de que hoy empieza todo vino antes de saber que anoche fue luna nueva; y que hoy arranca el año nuevo chino. Parece que el inicio de esta década trae presagios positivos, con nuevas energías que dejan atrás esta época de bloqueo y energías negativas. ¡Menos mal! ¡Ahora sí!

El año que hoy comienza es el de la rata, mi animal en el horóscopo chino, así que, ¡es mi año! Hoy, justo hoy, 5 días después de mi cumpleaños. Pero la sensación de renovación va más allá de lo que augura el horóscopo chino: el chozo también se pronuncia.

Nuevas estructuras, nuevos equilibrios. Confiemos en la reciprocidad, que cada uno asuma su responsabilidad; los compromisos han de ser con el todo, mi compromiso no es contigo, que eres un elemento más de un todo, mi compromiso es con el todo.

Luna nueva, nueva estructura, que no es más que el “conjunto de relaciones que mantienen entre sí las partes de un todo”, o el “modo de estar organizadas u ordenadas las partes de un todo”. La estructura recíproca de la cubierta simboliza un tiempo de orden y serenidad. Del interior del alma, digo, del chozo, han desaparecido obstáculos que bloqueaban el fluir de la energía, impedían contemplar la plenitud del espacio y, a pesar de que pudieran resultar útiles en determinados momentos, son vestigios de algo que ya ha quedado atrás.

Estamos en un nuevo tiempo. La estructura está consolidada, descansa sobre una base sólida y estable.

Demos rienda suelta a la imaginación para disfrutar de los matices, para diseñar lo que viene, ¡lo importante ya está aquí!

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Eclipse en Capricornio

Aunque no me hayas pedido perdón, te perdono.

Y lo hago en nombre de mi ego, el principal afectado por este terremoto que, acompañado de vientos huracanados, ha dejado todo reducido a escombros, tal y como ocurrió hace un año, cuando el fuego devoró las pretensiones de ese ego, el mío, que se creía por encima de la canopia, y que ahora, con los pies en el suelo, ha tomado conciencia de la importancia que tiene el respeto al equilibrio, a la armonía, a la humildad, al origen.

Este tiempo de solsticios, eclipses, penumbras y transformaciones es una nueva oportunidad para dar las gracias. Gracias por tanta energía, por tanto cariño, gracias por sacudirme la moral en la inercia del día a día, por cuestionar lo incuestionable, y gracias por derribar el puntal que sostenía mi ego en un momento decisivo.

La imagen es desoladora, da igual la dirección en la que mire, no sabría por dónde empezar. En otro tiempo fue necesaria la ayuda de muchas personas, ellas tomaron la iniciativa para derribar lo poco que quedaba y retirar los escombros, quemar los restos y empezar a soñar de nuevo. Ahora estoy solo, camino entre las ruinas de algo que ya se tambaleaba, pero nadie puede ver este caos, nadie entiende la magnitud de mi tragedia, porque nadie conocía la dimensión del amor que te tenía, ni la magia que atesoran esas manos, ni las estrellas que brillan cada noche en tus ojos, ni el poder de tus conjuros.

¡Qué dolor tan hermoso! Cuando no es posible lo que quiere el corazón. ¡Qué dolor tan grande! Cuando disfrazamos de traición al desamor. ¡Qué dolor tan profundo! Cuando son las palabras las que nos impiden llegar a la verdad.

Gracias, gracias, gracias. Gracias por curar mi mal mayor. Gracias por tu generosidad y tu tiempo. Gracias por venir, por volver y volver. Por sembrar y construir. Gracias por tus cuidados.

Gracias por tanto amor.

 

El equinoccio y la reciprocidad

Si nos ayudamos, lo conseguimos, no cabe duda. Ese es el mensaje que esta nueva cubierta lanza desde el corazón de la dehesa. En la reciprocidad está la respuesta, en repartirse el peso de forma equitativa, en asumir cada cual su propia responsabilidad, conscientes de que si no es así, todo se viene abajo.

Para colocar esta maravilla encima del muro han hecho falta amigas y amigos que, igual que la estructura que hemos creado, precisaba de organización, comunicación y coordinación.

Coincidiendo con el equinoccio, tiempo de cosechar y momento de equilibrio, el chozo vuelve a ser testigo de un encuentro mágico, cargado de emociones, abrazos y armonía. ¡Qué mejor cosecha!

Gracias Berna, Piqui, César, Morán, Carlitos, Ana y gracias hermano.

Hoy la noche será más larga que el día. Es momento de recogimiento, de prepararse para el invierno y, ojalá, para las lluvias. Aún queda mucho trabajo por hacer, pero hoy es sin duda, otro de esos días históricos para este proyecto, que no es otra cosa que el reflejo de la ayuda de quienes deciden pasar por aquí a dejar lo mejor de sí mismas. Solo espero que esta sensación sea recíproca.

Camuflaje
El chozo en la jesa
Salón comedor provisional

Todo es provisional

Hasta que llueva, y lleva ya unos meses sin llover, se puede tener el salón-comedor a la sombra de la encina. Que quien a buen árbol se arriba, buena sombra le cobija. ¡Menudo lujo! Eso sí, provisional.

Mientras disfruto de este peculiar espacio, mi cabeza viaja por las calles del pueblo buscando un hogar en el que colocar pilistras, sardinas, manolas, aureolas, ficus y compañía. La provisionalidad del escenario lo hace aún más atractivo. Busco un hogar provisional. Me gustan los cambios ¡Todo el día moviendo macetas! De corral en corral. De portón en portón. Buscando bóvedas, alacranes, pesebres y atrojes. Llamando a los herederos de aquellos que un día contruyeron nuestro pueblo. Con tierra, cal piedras y mucho, mucho esfuerzo.

En cuanto entro en la casa me voy derecho al topetón. Todas tapiadas, chimeneas cercenadas porque “entraba mucha mierda” ¡El coño vuestro! ¡Qué poquitas quedan ya en las que se puede hacer una buena candela! ¡Y cuánto puto terrazo! Con las lanchas que debía haber visto.

¡Quién le iba a decir a aquellos albañiles que estas casas eran provisionales!

Provisionales han sido los pajares y las cuadras, los poyos y los pozos, provisionales los doblaos y el paso de la sala a la alcoba. ¡Una buena obra que dure toda la vida! ¡Menudos destrozos! ¡Qué pérdida tan grande la de esa historia que se va en cada una de esas casas! Si con los jóvenes se nos va el futuro, con nuestro patrimonio se esfuma nuestro pasado.

Sin embargo es esa provisionalidad la que hace todo mucho más especial. Disfrutarlo sabiendo que será por poco tiempo. Observarlo como algo a punto de desaparecer para siempre. Como la vida misma.

¡Cómo me gusta este salón-comedor provisional!

* Y bueno, lo de las casas, a pesar de la tragedia, quedan algunas espectaculares. Si conoces alguna en Salvaleón que pueda visitarse para rememorar viejos tiempos, te agradecería más información.