Experiencias enriquecedoras

Probablemente sean esas experiencias que deseas que pasen cuanto antes, de las que más se aprende.

En los últimos meses han pasado personas muy especiales por el chozo. Jelle y Anna, Lola y Lucas, Judith y Theo. Tres parejas muy dispares, con proyectos muy distintos y que han dado al chozo un nuevo impulso, otro, tan importante y espontáneo como los anteriores. Más espacio y más orden, experimentos, plantas sembradas con amor y cabeza y material audiovisual de calidad, respectivamente.

Primero llegaron los belgas Jelle y Anne, allá por el final del mes de agosto, con su autocaravana y con una experiencia nómada de unos cuantos meses. Arquitectos, fotógrafos, artistas y veganos. Gente sana en todos los aspectos. Creativos, ordenados, serios, abiertos, respetuosos. Y con todas esas cualidades se pusieron manos a la obra.

 

Pronto llegaron Lola y Lucas. Brasileños. Instructura de Yoga y artista de guitarra y uña limpia. Llegaron tarde, con cierta confusión y mucho equipaje, expectativas y preguntas, muchas preguntas con respuestas inesperadas. Pronto surgieron hernias del pasado y anhelos de wi-fi que alejaron a estos artistas del chozo.

La abuela de los belgas murió y ellos también tuvieron que alejarse, así que Lola y Lucas, ocuparon la autocaravana y sus enchufes durante los escasos días que permanecieron. Ante su incapacidad temporal, les pedí que generaran material audiovisual del chozo y su entorno. En esos días intentamos conectar pero los esfuerzos fueron en vano. Ni sus expectativas ni las mías fueron satisfechas. ¡Malditas expectativas! Con lo sano que es no esperar nada. Marcharon y tras su marcha les eché en cara todo lo mal que me sentí, los culpé, y me equivoqué. Gran lección la que Lola y Lucas me han dado, primero por no contestar a mis acusaciones y segundo, por el gran trabajo que han realizado sobre el chozo.

 

Se fueron los brasileños y legaron los franceses. Judith y Theo. Una historia de amor, de autodescubrimiento, de viaje hacia el interior y de conexión con la vida. Repetían la palabra permacultura, procuraban mejorar todo lo que pasaba por sus manos o por su mente. Sembraron vida y buenos propósitos, también ocuparon la caravana, trataron de ahorrar agua y desparramaron una energía maravillosa, sin parar de sonreir. Jóvenes que buscan soluciones a los retos que se les plantean de una forma respetuosa y decidida. Y volvieron los belgas.

Judith y Theo

Y compartieron unos días en los que todo se multiplicó. Y el chozo avanzó.

Finales de septiembre. Finales de octubre. Sigue sin llover.

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