Pasamos lista… ¡cuántas plantas!

Se cuentan 21 pilistras. Eran de mi abuela, de la Isabel Albarrán, de la Tere Guisado, de la Juani la del Ayuntamiento, de la Puri la madre de Gema, de la Tomasa la madre de Esmeralda, y de alguna más que se me escape. Hace algunas semanas las partí, por eso hay más. Con ellas se encuentra una Aureola que da gloria.

Ya pasó el atardecer, el zumbido de los escarabajos -que solo pueden escuchar quienes duermen bajo las encinas- acompaña a los grillos, que cantan mientras los colores se convierten en sombras.

Hay muchas otras plantas. Si empezamos el paseo desde el este, con intención de girar al sur, justo por la entrada, ahí crecen dos parras, una blanca y otra negra, de Almendralejo las trajimos, cerca crece el romero y y escondido entre las pideras, un tomillo, el más discreto y auténtico. Cerca se erige el Algarrobo, con hojas brillosas y tronco flexible, crece lento. Algunas de las Aloes de Lola han sobrevivido al invierno y recuperan su verde y su salud con el sol y el calor.

Ayer fue San Isidro. El campo está repleto de flores blancas, amarillas y lilas. Las salvajes, las más locas, las más valientes. Se ve que las que están dentro del recinto están fasciacionadas, sí sí, fasciacionadas, de fasciación, que les pasa a las plantas cuando están agusto, búscalo verás qué curioso. Cómo me gusta que estén así de fasciacionadas. Una de las más fasciacionadas está a lado del Algarrobo -otra, la más flipada de todas, está junto a Víctor, el Fresno, más al noreste, luego vamos a verla-.

Segimos hacia el sur, por ahí por donde ahora cuesta andar debido a la altura de la hierba, verde, fresca, con más de un metro de altura. Ahí escondido hay un maravilloso Alcornoque, el que mejor está tirando de todos los que hemos sembrado hasta ahora -unos 100-, junto a él, una retama y un espino albar. Un trío de escándalo. Un poco más allá el Almendro, el que veo desde mi ventana cuando me despierto por la mañana, que si el año pasado estuvo pachucho, este año ha dicho “¡aquí estoy yo!”, da gusto verlo. Y aquella Adelfa que nació espontánea a los pies del Almendro, que por cierto tiene almendras, ahí sigue, feliz ella, tirando parriba, muy cerca hay una aloe que trata de adaptarse a un inesperado macetero de corcho, más romero, más tomillo, este con un intenso olor a limón, y otras dos aromáticas que no sé cómo se llaman -no saben ellas cuánto lo siento-.

Vamos a salir de aquí para no dejarnos atrás el porche, cuidado que no pisemos a la hija del sol, que va cogiendo fueza, y el limonero, que desde que llegó hace unas semanas ha pegado un remiendo de miedo.

En el porche cuelga una petunia con flores de terciopelo lila, lila oscuro, y en el suelo una gitanilla a punto de florecer, sana como una pera. Pegada a la pered, la Parra Virgen trata de agarrarse al muro para asegurar su escalada hacia el emparrao, a su lado, una tímida Gardenia que parece que no acaba de decidirse y un rosal, bueno dos, uno de Ángel y el otro de Adrián, uno joven y lozano y el otro tratando de echar raíz.

Ya apareció Júpiter.

Voy a ver qué hay al lado de los rosales, que no me acuerdo… Otra gitanilla, también a punto de caramelo. ¿De qué color serán las flores? La acompaña un almendrito que ha nacido hace unos días donde se suponía que rebrotaría el Colio, nada, los que salen por los que entran. Pobre Colio. El invierno ha hecho estragos. En el pollete de la ventana, una cinta y un helecho chiquino lucen felices. En el pedestal de forja verde, una Petunia Blanca como una novia crece y florece sin cesar, grandes y delicadas flores inmaculadas. Enfrente, a ras del suelo, con un plato de la Catalina debajo, una Petunia Granaína, también lila, pero más clarito, trata de acomodarse con la Manola Blanca en un macetero mu lindo que me regaló mi tía María Jesús.

Otro pedestal, con tres macetas, la de arriba un Alelí, a media altura unos que parecen claveles, yo les digo Micrófonos y son amarillos. y más abajo comparten macetero algunas de aquellas plantas mágicas que vinieron de Trujillo, un geranio como ajilargao de flores blancas y rosas que huele a limón y una de esas que son como flores con hojas de cactus, sin pinchos, que echan flores amarillinas. Al lado de este pedestal está la estantería…

Con plantas pequeñas que crecen en un espacio privlegiado, con todos los cuidados del mundo. Aloes, cintas, hierbabuena, romero, manolas, gitanillas, begoñas, las del dinero, encinas, palmeras, y vete tú a saber qué mas sorpresas tiene por ahí escondidas Jonatán.

En la pared y en la ventana, más cintas, un helecho chiquinino, y en el suelo un ficus y un poto que no tienen pinta de haber superado el invierno… qué penilla. En la orilla la Manola Fucsia, recién llegada de an cá la Puri y otra de la Ascensión -ambas de vecinas de la Calle Santa María-. Luego está el Arce, que el pobre lleva roando unos días, y hoy lo he transplantado a un macetero más aparente. Ese, por lo visto, igual que la Parra Virgen, cuando llega el otroño, se le ponen las hojas rojas.

Al pie del siguiente poste está el Palmito, con el Geranio Rosa y la Gitanilla de la Antonia. En la pared, helechos de la Juliana y una planta que llevaba tiempo diciendo que quería tirar y que está tirando estupendamente, verás tú cuando le salgan las florecinas esas menúas que echa.

Vamos de poste a pared y de pared a poste. En el siguiente poste, la Luciana a punto de florecer tras una larga crisis, el Geranio Rojo a tope y la Yuca, con un cactus que parece un brujo y alguna aromática pero mu endeblina, parece hierbabuena. En la pared, el ficus de la María la Boyera, que ese sí que ha superado el invierno, igual que la Manola Chica que crece al pie del poste y que hoy le he quitado por lo menos 10 flores para que siga creciendo otro poquito, es mu chica todavía! Volvemos a la pared, en la ventana, y dos maceteros amarillos contienen sendas plantas colgantes. Una del huerto de Adrián y la otra del macetero donde estaba el Palmito, que lo transplanté el otro día para dale más espacio a él y al rosal pequeño que decía antes, que vinieron juntos desde Trujillo.

Y por último, en el proche, ya al sureste, un Ficus nuevo, de la Puri y la planta de la Antonia que tuvimos en el piso, que si no toca nada, crece ella más agusto y más espléndida, así que ahí está, a sus anchas.

Al sur del porche, si volvemos al Limonero, veremos cómo Sebastián, el Moral, crece descontrolado. El tronco ya va con ella, y las moras también. Una mijina más atrás y más al este, se esconden de mi padre Sara la Jara, la Mora y la Jaguarza, que parece que es más hembra que macho. Denostadas todas ellas, propias de aquí, esas si que saben cómo funciona el campo, no mi padre…

Si seguimos por la valla, encontramos 2 Naranjos y un Ciruelo tratando de acomodarse a su nuevo hogar.

Y al norte, imponente, majestuosa, la Madre del Chozo, la encina de la sombra más cotizada, la que nos abraza con sus raíces.

Por el porche, una vez pasados todos los trastes: depósito de cenizas, leña, puertas, ventanas y batientes de la Catalina, muebles y baldosines, los de aquella casa de Orellana la Vieja, llegamos a la puerta del norte, la pequeñita, con una cortina preciosa, también de la Catalina, y ahí nos reciben las pilistras, la Tomasa y la Juani siguen como el primer día, esas no las he partido. Dentro del chozo, se reparten el resto, buscando el fresquito y la sombrita de la estancia.

Al lado del fregadero, ya en el porche, crecen Papá y Mamá Kiwi. Más allá, dirección al San Pedro, un Laurel, un pimiento y un melón. Las plantas de la Ascensión crecen en su sitio original, ahí está el tronco principal de donde han ido saliendo tantas otras. Hoy he visto que aquella chiquinina que se arrastraba y echaba flores fucsias sigue viva, a ver si se anima, dice Joni que se llama Misino Gatino.

Si vamos en el sentido de las agujas del reloj, partiendo del Jazmín Amarillo y del Laurel, tenemos, a un lado y a otro de curso del agua, Tomates, Albahaca, Pimientos, Rúcula, Hierba Luisa, Hierabuena, Menta, Presta, Cilantro, Incienso, Tomillo, Stevia, Perejil, Ruda, Salvia, Manzanilla, Berenjenas, Cantueso, Orégano, Valeriana y Víctor, un Fresno de 12 años que nació en San Martín de Valdeiglesias (Madrid), sobre las cenizas de Víctor abuelo y que Victor padre se trajo a Villanueva del Fresno con Víctor hijo, Víctor Fresno se hizo grande y decidió venirse la chozo. Ahí está el tío, detrás del horno, creciendo como una fiera. A sus piés, una pequeña charquita donde las cañas van apareciendo. En ese hueco tiene Jonatán un pequeño hospital con gitanillas, sardinas, bolas del mundo, cactus, almendros y otras plantas de esas que a él le gusta recuperar. La verdad es que están todas bastante bien.

Al este del horno, un arreate donde crecen sardinas, gitanillas, cactus y un montón de semillas que eché el otro día… a ver qué sale. Y justo al lado, en el macetero donde vino Víctor, emerge orgullosa el Ave del Paraíso, que creo que le ha molado el sitio.

La silencina está muy muy bien acompañada por el Galán de Noche y el Jazmín. Por su espalda, crecen sin descanso la Madreselva, las Jeringuillas, los Lilos y la Buganvilla Rosa que dábamos por muerta. También crece, pero este mucho más tímido, un Granado de Orellana. Por completar el porche, al otro lado de la puerta principal, la Buganvilla Naranja va acomodándose al muro para empezar a escalar hacia el emparrao donde un día se econtrará con la Parra Virgen.

Volvemos al este, a la entrada, y ahora cogemos dirección norte. La parra, no sé si blanca o negra, está acompañada de una retama negra, con tomillo en el tobillo, un espino blanco y una cornicabra. Más al norte otra cornicabra rodeada de alcornoques, una palmera y un acebuche joven y lozano. Seguimos con más retama negra, recién brotada, lavanda, otro Granado, que veremos a ver, y una Zarza Mora feliz como una Perdíz, acompañada de más romero, el Membrillo, el Mirto, el Limpatubos, el Manzano, el Arbusto de Elena, la Falsa Olivilla, el Melocotonero, el Peral y otro Equipo de Espino Albar, Retama y Alcornoque.

Las Coscojas de Orellana se están animado al lado de las Fresas, el otro Mirto, las Judías, los Girasoles y las Lechugas, junto con el Jazmín Amarillo y una encina chiquinina. Imagino que saldrá algún ajo de los muchos que sembramos al lado del otro Acebuche. Más espinos blancos, más retamas, madroños, encinas y un acebo nos llevan hasta el vivero de encinas y alcornoques, al norte del recinto, bajo la encina más coqueta y más estilizada del lugar. Ahí, bandejas forestales con bellotas germinadas se llenan de futuro para estas tierras. Además, también germinan nueces del Nogal de la Isabel la de la UPA. Los alcornoques este año son apostólicos.

Para cerrar el recorrido por la valla, pasamos del vivero y nos encontramos con un Nogal estupendo, un Laurel que vino con Víctor -trayectoria similar- y Sergio, el castaño que finalmente brotó.

El verano será muy entretenido!

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