Una Cooperativa para conservar y promocionar lo nuestro

Hoy recupero una parte importante de mi trabajo fin de Máster en Desarrollo Rural (2012) sobre “Territorio, Desarrollo y Cultura Turística”. Este último elemento, la Cultura Turística, podría ser la clave para detener el actual ritmo de destrucción de nuestro patrimonio y nuestro entorno, que desde hace décadas está arrancando de nuestros pueblos su autenticidad y su esencia, lo que a su vez significa -para aquellos que se excusan en razones de rentabilidad, que no es mi caso-, que muchas oportunidades de desarrollo socioeconómico en el contexto de las nuevas formas de turismo internacional, se esfuman a un ritmo vertiginoso.

Cultura Turística

La Cultura Turística parte de los conocimientos que la población tiene sobre su historia y su patrimonio material e inmaterial y se sustenta en el valor que le otorguen. Este es el punto de partida. Pero la cultura turística se retroalimenta en un ciclo en el que además de estos conocimientos y valores, la capacidad de comprensión que la población tenga sobre las oportunidades de desarrollo socioeconómico ligadas al turismo. juega un papel esencial. Estos serían los cimientos de la cultura turística de cualquier comunidad. Con estos cimientos bien asentados, la difusión, promoción y comercialización han de contribuir a la llegada de turistas para que toda esa teoría pueda materializarse. Para ello es imprescindible el apoyo de las Administraciones Públicas y de un tejido social que aúne sus fuerzas con el fin de alcanzar una cierta notoriedad entre los mercados de productos turísticos.

En el artículo “Contradicciones del turismo cultural, la economía y la política”  (Alfredo Ascanio, 2004), publicado por la revista PASOS 24 en 2004 una publicación especializada en Turismo y Patrimonio, se recoge una interesante idea:

“La esfera de acción turística de una comunidad, supone una especialización del sistema comunal, al interiorizar y organizar su experiencia que proviene de la presencia del visitante foráneo. Esa nueva facultad, o rol de una comunidad, de ser un buen anfitrión, está formada por individuos que forman parte de un conjunto. (…) Ahora bien, en este asunto: ¿dónde ubicamos la cultura? (…) Gradualmente una nueva esfera de acción, como la actividad turística, produce una nueva y marcada  dirección: la cultura turística; es decir, un sistema de creencias empíricas, expresadas mediante símbolos y valores, los cuales definen la situación dentro de la cual una acción turística tiene lugar. Esta nueva dimensión de experiencias, que llamamos “cultura turística”, está organizada en un sistema de símbolos, que a su  vez se relaciona con el comportamiento de los individuos y sus motivaciones. (…) Esta cultura turística, que es una nueva dimensión, tan compleja como la cultura original de una comunidad, requiere de un proceso de adaptación que sólo la misma comunidad debe aceptar o no. Al comienzo será necesaria una reestructuración psicológica  que no sólo haga posible su adaptación, sino que también surja un reajuste cultural, el cual supone innovación y creatividad (Hallowell, cf Ashley, 1968: 239)”

Chozo Monte Porrino 2015

La función principal de una Cooperativa Turística Municipal sería la de dinamizar la actividad turística de su municipio, trabajando por la recuperación y conservación del patrimonio, por la adaptación edificios que pudieran utilizarse para aumentar esta oferta turística en forma de alojamientos turísticos o de actividades complementarias. Entre sus funciones también estarían las de sensibilizar y formar a la población en torno a su patrimonio y las oportunidades del turismo; en definitiva la Cooperativa Turística Municipal se encargaría de la promoción y mejora de la cultura y la infraestructura turística del territorio.

Estas cooperativas, como no puede ser de otro modo, estarían formadas por aquellos agentes socioeconómicos e institucionales interesados en formar parte de este proyecto de forma voluntaria, entendiendo que el turismo puede ser un importante instrumento para el desarrollo local, que puede constituir un interesante yacimiento de empleo para el municipio y que ayudará a la recuperación y conservación del patrimonio.

La articulación de una oferta turística original, singular y con base en la cultura de la población contribuirá a una mayor rentabilidad del proyecto que, por otra parte, irá acompañado de unos valores sociales propios de las cooperativas: la solidaridad, la igualdad, la vocación social y el uso eficiente de aquellos recursos de los que dispone.

Probablemente la composición de estas cooperativas y su funcionamiento sería muy distinto en cada pueblo. Por ejemplo, en aquellos que cuentan con un mayor dinamismo turístico y un mayor número de plazas de alojamiento turístico, estas cooperativas estarían integradas por el conjunto de alojamientos turísticos y demás empresas que estén interesadas en formar parte de la oferta turística que se pone a disposición de los visitantes: artesanía, industrias agroalimentarias, restauración actividades en la  naturaleza o granjas. Sin embargo, en aquellos otros pueblos en los que la oferta de alojamiento turístico es muy baja o no existe, esta cooperativa podría tomar como referencia el modelo de desarrollo turístico “Albergo Diffuso” de manera que los edificios del pueblo que cumplieran con los requisitos legales para su adaptación como
alojamiento turístico, fueran poco a poco recuperados (cumpliendo al mismo tiempo una función de mejora del patrimonio arquitectónico) para poder articular una oferta turística en la que habría que incluir otros servicios y actividades que pudieran desempeñar los vecinos, siempre bajo las premisas de la autenticidad y las tradiciones de cada pueblo.

A modo de ejemplo

Imaginemos por un momento la recepción del hotel en alguna de las pequeñas casas abandonadas del centro del municipio, con planos sobre la ubicación de las habitaciones o apartamentos en los que los turistas pueden alojarse y con información sobre las actividades que ofrecen sus vecinos (recetas típicas, elaboración de dulces tradicionales, rutas de senderismo, artesanía, oficios tradicionales, avistamiento de especies animales autóctonas, recolección de espárragos, juegos tradicionales) y un calendario actualizado de eventos y celebraciones (romerías, semana santa, las cruces de mayo, fiestas de verano).

En definitiva, las Cooperativas Turísticas Municipales actuarían como un “Club del Producto” encargado de velar por la calidad de los servicios turísticos que ofrece el municipio, de conservar y recuperar el patrimonio material en inmaterial de los pueblos y sensibilizar a la población en torno a la importancia del turismo así como capacitar a las instituciones y agentes relacionados con el turismo (incluso a otros sectores de la población) en relación con la historia y el origen de su patrimonio histórico, cultural, artístico y natural.

Breve reseña autobiográfica

Nací en Salvaleón, un pueblo de la comarca Sierra Suroeste -Badajoz- a mediados de los años ochenta. Mientras crecía asistía atónito y feliz a la modernización de mi pueblo, a la construcción de hermosas viviendas que sustituían esas otras casas viejas. Contemplaba la prosperidad de mis vecinos que se afanaban en demostrar  continuamente que les iba bien, mejor que al resto. Individualismo. Recuerdo que cuando era pequeño algún compañero me preguntaba cuánto dinero tenían mis padres, y fuera la cantidad que fuera la que yo me inventaba, los suyos siempre tenían más. Mientras tanto se cambiaban las aceras, se asfaltaban las calles de piedra y se construían polideportivos y carreteras. Mi alegría era mayúscula al ver que mi padre compraba otro piso y que en el pueblo cada vez había más coches, buenos coches. Ya adolescente, jamás pensé en la importancia de la dehesa más allá de aquel lugar en el que nos emborrachábamos durante la romería. Luego fui a la universidad, viajé y me convencí de que jamás regresaría a aquel lugar donde nací en el que la gente se dedica a criticar a los demás, una frase muy recurrente entre los que llevan toda la vida en el pueblo. En mis viajes vi pueblos, pueblos de piedra, llenos de flores, con casas viejas y hermosas, con cuadras, tranquilos, pueblos que comparaba con el mío irremediablemente. Algo extraño pasó cuando la alegría que sentí en su día por ver aquellas casas nuevas en mi pueblo se convirtió en una profunda tristeza, similar a la que sientes cuando pierdes un vecino que de vez en cuando te contaba historietas de tus bisabuelos. Después vino el regreso a la realidad, la reflexión sobre lo que hubo y lo que no hay, sobre lo que se ha perdido para siempre. Una realidad que para cada vecino es distinta, cada uno tiene la suya y se empeña en no compartirla con los demás. Cada uno pinta su fachada, cuanto más grande mejor, mientras el resto de casas de la calle se caen de tristeza.

Y el campo: un negocio en liquidación. Saqueo, sobre y explotación, abuso, falta absoluta de respeto, destrucción y, lejos de poner remedios, miramos para otro lado o, como mucho, lo comentamos en el bar sin dar muchas voces.

 

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