Mi pueblo a vista de pájaro

Mi pueblo a vista de pájaro

Los arroyos saltadores
descendiendo de los valles
que hay en los alrededores,
sobre guijos de colores
se deslizan por las calles.

Un kilómetro alejada
del pueblo, en una cañada
metida, está una alameda
tan hermosa y celebrada
que no hay otra que la exceda.

Al Norte, sobre un cerrillo
En donde mana una fuente,
sin almenas ni rastrillo
levanta un viejo castillo
su desmoronada frente.

Cadáver petrificado
de muertas instituciones,
vestigio predestinado
a recordar del pasado
sangrientas ejecuciones.

De la plaza en la mitad,
como gigante achacoso,
se eleva un templo ruinoso,
reflejo fiel de otra edad
y otro siglo más piadoso.

La Edad Media construyó
sus sombríos murallones;
el tiempo sobre él pasó,
y tormentas y aquilones
seculares resistió.

El último terremoto
derrumbó su campanario
y, entre los escombros, roto
quedó su reloj ignoto
para todo el vecindario.

Y desde entonces acá
la noble villa se está
sin campanario ni horas
aunque han transcurrido ya
más de nueve mil auroras.

Abandono sin ejemplo
de la historia en los anales
y para colmo de males
lo mismo están que su templo
los caminos vecinales.

Juro... allá por el Oriente,
de Monsalú la alta sierra,
como atalaya eminente
alza su rugosa frente
sobre una porción de tierra.

Del Risco de Barbellío,
enhiesto, mudo, sombrío,
a las altas nubes toca
la erguida cresta de roca
indomable a viento y frío.


Luis Moreno Torrado
30 de agosto de 1884

Salvaleón

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