Ayuda inesperada.

Tras días de trabajo en soledad, de avances importantes, reflexión, limpeza, orden, siembra y tormentas, Lucile decidió venir a pasar unos días, Carlitos llamó para echar una mano en su día libre y Jon prefirió preparar las actividades del campamento aquí con nosotros en vez de quedarse en la capital de reino.

¡Por fin el nuevo porche se llenó de conversaciones!

José Jacinto también quiso traer a sus amigos y a su hermana Talía. Un grupo de chicos que casi sin mediar palabra se pusieron manos a la obra, todo ello, con la dirección de obra de la experimentada Talía, que ya había venido en varias ocasiones a colaborar.

Lucile y yo habíamos preparado una gran cantidad de barro y paja con la tierra que Carlitos había picado el día antes, así que todo estaba listo para empezar a subir barro y piedras a la terraza que, por cierto, ¡quedó prácticamente acabada! … ¡Más barro! ¡Más piedras! ¿De dónde eres? ¿Cómo te llamas? ¡Más barro! ¡Más piedras!

De repente se formó una cadena de trabajo de las que funcionan. Quizá fue porque el objetivo estaba muy definido, porque sabíamos lo que queríamos hacer, porque estábamos seguros de que la velada que nos esperaba iba a ser genial, porque el horno estaba encendido, porque todos quisimos dar lo mejor de nosotros mismos o quizá fue por la conjunción de todo esto por lo que en la tarde-noche del martes 27 de junio hubo una explosión de energía en el chozo. La noche acabó entre conversaciones filosóficas, preguntas al universo y críticas a la tierra.

Y las estrellas brillaron de una forma especial, como cada noche.

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Remy | Porche, terraza y silencina.

Don Remigio no ha sido un voluntario más. Llegó una noche mágica con su balafón para llenar de misterio las noches de luna llena. Sus brotes de lentejas nos mostraron una forma mucho más sana y rica de alimentarnos. Cúrcuma, pan de cualquier cosa, ortiga o malva. Fruta y serenidad. Garbanzos. Y una sonrisa casi perenne. Desde Alcohuaz hasta Burdeos. Y de Burdeos al chozo pasando por Galicia. Buena ruta para seguir hasta las alpujarras.

Soluciones, inspiración, paz, música y un gran amor por la vida. El chozo se ha llenado de energía, ha avanzado hacia un camino inesperado. La silencina nos guarda ahora con sus ojos de bellota avellanada, el muro suroeste queda protegido a la sombra de un porche-terraza soñado durante meses. La terraza se ha materializado y las ventanas del primer nivel ya han llegado. No obstante, el tiempo y el trabajo han de integrar tantas novedades, tanta tierra y piedras removidas, en un espacio que no para.

Ahora sólo falta que llueva antes de que el calor lo seque todo.

Menuda sorpresa la que nos tenía deparada el destino.

Gracias Remi y gracias Joni.

Retama, chamosca o escoba.

“Amarga, dura y bravía. Eres como la retama. Amarga, dura y bravía.”

Así empieza la canción de ‘El Agujetas’ que canturreaba mientras cortaba retama, seleccionando las ramas más rectas y tupidas. Entre Jonatán y yo hemos hecho unos 30 haces que ya están colocados sobre el pentágono superior de la cúpula.

Jonatán entendió la técnica rápidamente. Tal y como nos dijo Pedro Cano, el porrinero que más sabe sobre arquitectura tradicional local, “de arriba hacia abajo, entremetiendo”. Pues así lo hizo el de Los Guadalperales, con toda la concentración y su concienzuda perseverancia, rama a rama, retama a retama, haz tras haz. Jugándosela. Y yo, para más inri, pidiéndole que tuviera cuidado.

Para ello ha habido que, una vez más, superar miedos, confiar en el trabajo hecho, experimentar, colaborar, escuchar, preguntar y ser pacientes.

El techo avanza. Me costaba creer que finalmente conseguiríamos hacer una cubierta vegetal, pero ahí esta, con un manto de brezo madrileño repartido por el perímetro del pentágono y una sombrilla de brezo catalán dándole forma a la parte central. Sobre todo eso, un manto de retama de unos 20 centímetros de espesor, bastante más en la parte central y menos en el perímetro, creando así más inclinación.

En fin, dejamos paso a las fotos que ilustran esta nueva etapa del chozo.

Homenaje a San Pedro

Tras un largo viaje llegamos a la cala de San Pedro. Un lugar mágico, de piedras blancas, (y rojas y amarillas), aguas cristalinas, armonía y distensión en el corazón del Cabo de Gata. Una vez de vuelta, inspirados por la experiencia y casi sin hablar, Jon y yo empezamos a poner una piedra sobre otra, buscando el equilibrio, jugando con la gravedad, sintiendo unas piedras que casi quemaban. Una tú y otra yo. Tras la que entendimos como la última, decidimos crear un espacio de seguridad para este hito. Este homenaje se ha convertido en un compañero muy inspirador, un elemento de reflexión sobre el equilibrio, la in/ter/dependencia, la cooperación, la confianza… en fin, ahí sigue dos semanas después, desde el 18 de agosto de 2016. A mi me tiene enamorado.

El Tite y su sobri

Los niños nos obligan a jugar, a sacar nuestra parte más salvaje, la más divertida. También nos ayudan a dejarnos llevar por la imaginación y a disfrutar de las cosas más insignificantes. Sergio fue en un buen maestro de obra para nosotros. Cada tarea se convirtió en un juego con pruebas, niveles y recompensas, convirtiendo el chozo en un divertido escenario de retos y risas. El Tite y su sobri remataron el juego de las bellotas, revocaron las paredes de adobe, recogieron las piedras que había desperdigás. También hubo tiempo para rituales chamánicos con cal, para nanas y para la complicidad de un amor que veremos a ver dónde nos lleva!

Cal, cañas & gaditanas

Con cada visita el chozo se recarga de energía.

En las últimas semanas han pasado por el chozo grandes amigas como Ana, Esther y Lucía que han encalado paredes, cosido cañas y sobre todo, han llenado el chozo de alegría y de amor. Son estas visitas las que le dan sentido a este proyecto y las que cargan las pilas para continuar.

Igual que la cal, estas gaditanas preciosas han traido su luz y su pureza al chozo. Las noches estrelladas ha sido la sorpresa que el cielo tenía preparada tras los calurosos días de trabajo.