Campaña elecfloral

No sé a quién votar. La verdad es que todas están haciendo muy buena campaña. Están mostrando sus mejores flores, pero ya sabemos que luego llega el invierno y tó se queda en ná. 

La verdad es que viéndolas así de espléndidas, tan rojas, tan moraditas, tan coloridas, tan echás palante, entran ganas de dejarse convencer por sus cantos de sirena, aplaudir cuando se ponen de cara al sol, cada una entonando su himno, soberbias y altivas. Todas ellas animadas por ejércitos de yerbas comunes que las vitorean, en un afán de sentirse parte de algo, aunque sea solo durante un par de semanas.

¡Qué más da si son venenosas o duran tres días! A mi madre le gustaba la roja y yo para las azules ni miro. Las lilas me llaman la atención, mucho, pero las conozco hace poco y no me fío, el año pasado salieron muchas, pero este año, ¡ni la mitad! Han salido algunas naranjas, preciosas, ¡con unas ganas! Pero me tienen mosca, el color les cambia de un día para otro, y hay veces que no sabes por dónde van a salir.

Y están las que no florecen nunca, que han entrado en campaña sabiendo que su flor  no hará acto de presencia, no confundamos a estas con aquellas otras flores verdes que se secan antes de madurar, esas pobres, ignorantes, son dignas de lástima, a las que me refiero son a esas otras que le dan vigor al jardín, a esas hojas verdes que recogen la luz para llenar de vida el huerto, el parque y los bosques, esas suelen estar al pie del cañón todo el año, así que creo que finalmente voy a decantarme por el verde de toda la vida, por las que han demostrado fidelidad a pesar de las dificultades. Eso sí, benditas las campañas, que los capullos afloran para engatusar a clientes quienes solo se interesan por el color, y quieras que no, el espectáculo es entretenido.

 

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Tierra, agua, aire y fuego

Es la primavera ese tiempo en el que todo es posible.

Explosión en todas direcciones. Risa y llanto sin ton ni son pero con alegría. Optimismo descontrolado. Escenario de la Resurrección de la Vida.

Tierra es mi cuerpo, agua mi sangre, aire mi aliento y fuego mi espíritu.

El instinto salvaje y puro de quien va descubriendo su propia existencia es la esperanza de este mundo, que parece haberse olvidado de su esencia.

Gracias Jara, Diego y Antonio.

Vuestras pócimas mágicas han revitalizado nuestros cuerpos cansados. Vuestra curiosa inocencia ha despertado arco iris y tempestades. Las estrellas aún chismorrean sobre vuestras preguntas indiscretas acerca de su edad y su peso. Tan lejos y tan cerca. Vuestro sueño profundo ha calmado a los demonios del pasado.

No sabéis cuánto han disfrutado vuestras madres, vuestros padres y sus amigos al veros felices y libres.

El chozo os espera con las puertas abiertas de par en par.

 

 

Gracias

Después de que el fuego lo haya arrasado todo, lo primero que siento es agradecimiento. Gracias a todas esas personas que en estos cuatro años han pasado por el chozo para ayudar, se me vienen a la cabeza momentos mágicos, sueños, ideas locas, horas, muchas horas de trabajo y dedicación, y amor, mucho amor.

Hoy empieza una nueva etapa para El Chozo.

Los muros de piedra han resistido la fuerza del fuego. Un fuego que nunca sabremos cómo surgió pero que ha reducido todo a cenizas. Tantos recuerdos, tantos detalles, tantas plantas, … ¡Madre mía! ¡Qué tristeza, las plantitas! ¡Begoñas, ficus, la tradescantia, el ave del paraíso, las cintas, las pilistras!, ¡qué penita tan grande! ¡Cuánto os voy a echar de menos!

Todas esas personas que me habéis ayudado merecéis también que os pida disculpas. Probablemente esto se debe a una imprudencia. Las brasas que dejé en el brasero eran para que los perros estuvieran calentitos. No era la primera vez que lo hacía y prometo que estaba casi apagado, os aseguro que aprenderé de este error y reitero mis disculpas. Lo siento de todo corazón.

¡Ay las telas! ¡Ay las mantas! ¡Ay los cuadros! Querida mesa camilla con sus sillas, queridos muebles de la basura. Jarilla, querida Jarilla.

Jonatán, cuánto siento que tantos tesoros se hayan ido. No por lo que eran, sino por lo que simbolizaban. La ilusión con la que los fuiste trayendo, para llenar el chozo con cachinos de hitorias de aquella Orellana. Gracias de verdad por tu generosidad, por tu amor, tu comprensión, tu ilusión y tu entrega.

Esa cúpula, majestuosa, sagrada, disculpad amigos, disculpad. Diculpa hermano. Tanto esfuerzo, tanto apoyo, tanta ayuda, tantos momentos. No he sabido cuidar de lo que tanto quería. Eso sí, vuestra energía y generosidad no la pueden quemar las llamas.

Los perrinos y los gatinos están bien. Gracias a Dios. Ya me resultaba raro que Tecla se presentara en casa a las 11 de la noche, la pobre… Menudo espectáculo han presenciado. Explosiones de bombonas, el chozo deshaciéndose entre llamas, la encina rodeada de fuego,… menos mal que aunque ha sufrido un poco, no hay que lamentar daños mayores.

Es momento de mirar hacia adelante. De limpiar. Replantear el proyecto y empezar de nuevo. Lo aprendido durante estos 4 años ha sido mucho. Tantas personas, amigas, amigos, bailes, carretillas de barro, de cal (y últimamente algo de cemento…), tantas conversaciones, viajes con la imaginación a lo que sería posible si… pues ahí retomamos, A pesar de lo duro del momento, se abren mil oportunidades, nuevas ideas que se asentarán en la experiencia de estos años, seguiremos soñando juntxs.

Gracias.

Ayuda inesperada.

Tras días de trabajo en soledad, de avances importantes, reflexión, limpeza, orden, siembra y tormentas, Lucile decidió venir a pasar unos días, Carlitos llamó para echar una mano en su día libre y Jon prefirió preparar las actividades del campamento aquí con nosotros en vez de quedarse en la capital de reino.

¡Por fin el nuevo porche se llenó de conversaciones!

José Jacinto también quiso traer a sus amigos y a su hermana Talía. Un grupo de chicos que casi sin mediar palabra se pusieron manos a la obra, todo ello, con la dirección de obra de la experimentada Talía, que ya había venido en varias ocasiones a colaborar.

Lucile y yo habíamos preparado una gran cantidad de barro y paja con la tierra que Carlitos había picado el día antes, así que todo estaba listo para empezar a subir barro y piedras a la terraza que, por cierto, ¡quedó prácticamente acabada! … ¡Más barro! ¡Más piedras! ¿De dónde eres? ¿Cómo te llamas? ¡Más barro! ¡Más piedras!

De repente se formó una cadena de trabajo de las que funcionan. Quizá fue porque el objetivo estaba muy definido, porque sabíamos lo que queríamos hacer, porque estábamos seguros de que la velada que nos esperaba iba a ser genial, porque el horno estaba encendido, porque todos quisimos dar lo mejor de nosotros mismos o quizá fue por la conjunción de todo esto por lo que en la tarde-noche del martes 27 de junio hubo una explosión de energía en el chozo. La noche acabó entre conversaciones filosóficas, preguntas al universo y críticas a la tierra.

Y las estrellas brillaron de una forma especial, como cada noche.

Remy | Porche, terraza y silencina.

Don Remigio no ha sido un voluntario más. Llegó una noche mágica con su balafón para llenar de misterio las noches de luna llena. Sus brotes de lentejas nos mostraron una forma mucho más sana y rica de alimentarnos. Cúrcuma, pan de cualquier cosa, ortiga o malva. Fruta y serenidad. Garbanzos. Y una sonrisa casi perenne. Desde Alcohuaz hasta Burdeos. Y de Burdeos al chozo pasando por Galicia. Buena ruta para seguir hasta las alpujarras.

Soluciones, inspiración, paz, música y un gran amor por la vida. El chozo se ha llenado de energía, ha avanzado hacia un camino inesperado. La silencina nos guarda ahora con sus ojos de bellota avellanada, el muro suroeste queda protegido a la sombra de un porche-terraza soñado durante meses. La terraza se ha materializado y las ventanas del primer nivel ya han llegado. No obstante, el tiempo y el trabajo han de integrar tantas novedades, tanta tierra y piedras removidas, en un espacio que no para.

Ahora sólo falta que llueva antes de que el calor lo seque todo.

Menuda sorpresa la que nos tenía deparada el destino.

Gracias Remi y gracias Joni.

Retama, chamosca o escoba.

“Amarga, dura y bravía. Eres como la retama. Amarga, dura y bravía.”

Así empieza la canción de ‘El Agujetas’ que canturreaba mientras cortaba retama, seleccionando las ramas más rectas y tupidas. Entre Jonatán y yo hemos hecho unos 30 haces que ya están colocados sobre el pentágono superior de la cúpula.

Jonatán entendió la técnica rápidamente. Tal y como nos dijo Pedro Cano, el porrinero que más sabe sobre arquitectura tradicional local, “de arriba hacia abajo, entremetiendo”. Pues así lo hizo el de Los Guadalperales, con toda la concentración y su concienzuda perseverancia, rama a rama, retama a retama, haz tras haz. Jugándosela. Y yo, para más inri, pidiéndole que tuviera cuidado.

Para ello ha habido que, una vez más, superar miedos, confiar en el trabajo hecho, experimentar, colaborar, escuchar, preguntar y ser pacientes.

El techo avanza. Me costaba creer que finalmente conseguiríamos hacer una cubierta vegetal, pero ahí esta, con un manto de brezo madrileño repartido por el perímetro del pentágono y una sombrilla de brezo catalán dándole forma a la parte central. Sobre todo eso, un manto de retama de unos 20 centímetros de espesor, bastante más en la parte central y menos en el perímetro, creando así más inclinación.

En fin, dejamos paso a las fotos que ilustran esta nueva etapa del chozo.