Guillaume

Guillermo trajo la psicodelia y la reflexión al chozo.

Despertó las entrañas de la tierra, que se manifestaron a través del fuego y de la luna, con sombras y vibraciones dirigidas directamente al alma, a los cuerpos vacíos, a los suspiros más hondos.

La ingeniería de Guillaume, disfrazada de eficiencia, es reflejo del inconformismo, de identificar la inercia que llega del exterior, y respetar la que proyecta el ser inquieto y rebelde que lleva dentro.

Cada cual tuvo su espacio, para ser y decidir, a pesar de los desacuerdos, este acuerdo contribuyó a la armonía y al confinamiento de cada uno en su agencia.

(…) amor y (…) comunicación, expectativas digitales, soledad impuesta, aislamiento. Cuántas conversaciones en las que me perdí por no querer escuchar. Cuántas lecciones traías. Algunas se quedan, otras volverán enriquecidas de tus nuevos horizontes.

Se ahorrará agua, ansiedad, quién sabe si sufrimiento, quién sabe cuál es el precio verdadero de ese ahorro, Guillermo.

Pero gracias, gracias por mirar con tanto respeto. Por aceptar los impulsos y las imposiciones, y por la coherencia y la consecuencia en tus hechos.

Somos lo que hacemos.

Espero que vuelvas pronto y bailemos, ¡mucho!

¡Elesdí is super nice!

 

 

Infodemia

Nada de pandemia, aquí la amenaza empieza por info…

Es obvio el protagonismo que la información ha tomado estos días. Más allá de los riesgos asociados a cualquier virus -ante los que debemos tener todas las precauciones-, los titulares tienen un alcance mucho mayor, pues llegan a casi la totalidad de la población, generando una situación generalizada de desconcierto e incertidumbre, provocada, en gran medida, por la forma en la que consumimos contenidos digitales. Somos adictas y adictos a la actualización permanente, al último dato, a los titulares más impactantes, ¡nos encanta que nos remuevan las emociones!

Desde la perspectiva de la formación a lo largo de la vida, el refuerzo de las competencias digitales, la mejora de la empleabilidad, el desarrollo de una actitud crítica o los planteamientos de la Agenda 2030, el elemento digital se ha convertido en el eje vertebrador del nuevo modelo social, económico, político y cultural.

Cuando hablamos de un uso seguro, crítico y responsable de las tecnologías digitales, es decir, de la competencia digital, nos referimos a la capacidad de tomar decisiones que contribuyan a mejorar nuestras oportunidades de desarrollo pesonal y profesional, evitando riesgos innecesarios y contribuyendo a la construcción de una sociedad cohesionada e integradora. Estas proclamas toman hoy en día más peso que nunca, cuando el llamamiento a la calma y a la responsabilidad cívica se ve desvirtuado por la difusión descontrolada de información manipulada, inexacta e incluso sátiras que influyen en la percepción de la realidad de una parte importante de la ciudadanía.

Me pregunto, ¿habría el mismo número de personas en los hospitales si no hubiera smartphones?

La crisis que estamos viviendo no podría entenderse sin la omnipresencia de las pantallas, actualizándose en tiempo real con los datos que produce esta pandemia en todo el mundo. Una infodemia descontrolada, con efectos incalculables sobre la economía, la salud, el empleo y las dinámicas sociales. E insisto, con todo el respeto a los riesgos de este virus para la salud, y sin perder de vista las tasas de mortalidad de otros virus, del cáncer -tabaco, azúcar, alcohol-, los infartos o la carretera. No menos alarmantes.

El trabajo a distancia resuena también como una solución que podría contribuir al control de esta gripe, al igual que otras medidas basadas en las tecnologías digitales para reuniones, para la adaptación de determinados servicios públicos (sistema judicial, atención médica primaria, gestiones con la administración pública) y privados (aquí es donde ahora vienen importantes oportunidades de innovación para el emprendimiento), y que consolidan profesiones cuyas tareas no están vinculadas con un espacio físico.

Para todos estos escenarios, las competencias digitales, el espíritu crítico y la capacidad de adaptación al cambio, junto la predisposición a aprender, trabajar, colaborar,… en entornos digitales, se convierten en requisitos indispensables a la hora de desenvolvernos con éxito en un mundo digital en continua transformación, especialmente en situaciones tan críticas como la actual, que servirán, sin ninguna duda, para avanzar en el proceso de transformación digital de muchos sectores en los que hoy han saltado todas las alarmas: la educación, la alimentación, los eventos presenciales, los transportes,….

La dimensión física también requiere de nuevas perspectivas innovadoras, una nueva organización social que capitalice el potencial de las tecnologías digitales sin olvidar la disponibilidad de recursos naturales y humanos, las infraestructuras y la sostenibilidad de las formas de vida que cada comunidad viene desarrollando, la dependencia en cuanto al abastecimiento de productos y servicios y la necesidad de generar valor dentro y para la propia comunidad, para lo que existen modelos de desarrollo más tradicionales y autosuficientes, no tan lejanos en el tiempo.

Si sobrevivimos, que sobreviviremos, el tiempo que viene requiere de grandes dosis de creatividad y compromiso, de capacidad a la hora de integrar los avances tecnológicos con la diversidad de la vida en el nivel más local, de combinar la disponibilidad de tierra, agua y aire con las manifiestas carencias de las inhumanas ciudades. Seamos coherentes.

Aprender la lección. Que esto sirva para algo.

Quedémonos en casa y reflexionemos.

Somos lo que hacemos.

Campaña elecfloral

No sé a quién votar. La verdad es que todas están haciendo muy buena campaña. Están mostrando sus mejores flores, pero ya sabemos que luego llega el invierno y tó se queda en ná. 

La verdad es que viéndolas así de espléndidas, tan rojas, tan moraditas, tan coloridas, tan echás palante, entran ganas de dejarse convencer por sus cantos de sirena, aplaudir cuando se ponen de cara al sol, cada una entonando su himno, soberbias y altivas. Todas ellas animadas por ejércitos de yerbas comunes que las vitorean, en un afán de sentirse parte de algo, aunque sea solo durante un par de semanas.

¡Qué más da si son venenosas o duran tres días! A mi madre le gustaba la roja y yo para las azules ni miro. Las lilas me llaman la atención, mucho, pero las conozco hace poco y no me fío, el año pasado salieron muchas, pero este año, ¡ni la mitad! Han salido algunas naranjas, preciosas, ¡con unas ganas! Pero me tienen mosca, el color les cambia de un día para otro, y hay veces que no sabes por dónde van a salir.

Y están las que no florecen nunca, que han entrado en campaña sabiendo que su flor  no hará acto de presencia, no confundamos a estas con aquellas otras flores verdes que se secan antes de madurar, esas pobres, ignorantes, son dignas de lástima, a las que me refiero son a esas otras que le dan vigor al jardín, a esas hojas verdes que recogen la luz para llenar de vida el huerto, el parque y los bosques, esas suelen estar al pie del cañón todo el año, así que creo que finalmente voy a decantarme por el verde de toda la vida, por las que han demostrado fidelidad a pesar de las dificultades. Eso sí, benditas las campañas, que los capullos afloran para engatusar a clientes quienes solo se interesan por el color, y quieras que no, el espectáculo es entretenido.

 

Muletas para la dehesa

Ahora que el calor ya lo ha secado todo, justo cuando la montanera empieza asomar la cabeza, ahora que se cargan de peso las encinas y los alcornoques, justo ahora es cuando habría que llenar las dehesas de muletas. Ahora es cuando empieza el espectáculo del decaimiento del arbolado. Enormes ramas obligadas a crecer de forma horizontal, se romperán en las próximas semanas a poco que haga un poco de aire o venga una tormenta, para alegría de los que esperan hacer leña del árbol caído, y para desesperación de quienes vemos desaparecer árboles centenarios, símbolos de un paisaje maltratado. Justo ahora, que es cuando se empieza a rogar al cielo para que las aguas de septiembre no se demoren, ahora es cuando podemos imaginarnos nuestros pueblos rodeados de un ancho desierto, con arroyos secos, ancianas encinas agonizando y ganaderos diciendo que hay que seguir “limpiando las fincas y los árboles, que así es como se ha hecho toda la vida, ¡cago en …!”.

Las encinas se quedan mancas, cojas y tuertas”, así lo decía en su blog ciudad-dormida V. Manuel Pizarro hace ya un tiempo cuando aseguraba que “la dehesa se muere”. Las encinas no crecen de forma horizontal, así es como las obligan a crecer gestores y  cortadores por motivos más que discutibles. Lo que no se puede discutir es que esta práctica, prolongada en el tiempo, provoca la fractura de los ramales más grandes de estos árboles centenarios, abriendo heridas de muerte en un tronco debilitado por las epidemias de insectos y la sequía, asegurando su muerte en el corto o medio plazo. Unos lo llaman seca, otros cambio climático, sea lo que sea, lejos de combatirlo, lo estamos agravando.

En la dehesa se está produciendo una desestructuración total de la biodiversidad”, así lo aseguraba hace unos meses el presidente del Foro Encinal, J. L. García-Palacios, una de las entidades más comprometidas con las amenazas de este ecosistema que presenta una nula regeneración en más del 70 % de los más de 4 millones de hectáreas que ocupa en el suroeste de la península ibérica. Esto, sumado a la desaparción de gran cantidad de especies de aves, pequeños mamíferos, insectos y depredadores.

No hay que ser muy inteligente para entender que si durante 50 años no nacen árboles, si el suelo se compacta con el pisoteo del ganado, sobre todo de las vacas, si los veranos se estiran hasta noviembre y los gestores siguen diciendo, convencidos, que esto se ha hecho así toda la vida, el futuro de la dehesa no puede ser otro más que el desierto. Y ahí si que no habrá problemas de incendios, queridos expertos, cuando no quede nada que pueda arder, podremos seguir limpiando bosques de pinares y matorral mediante innovadoras y participativas técnicas de manejo del ganado, pero de la olvidada dehesa quedará poco, muy poco.

La lucha contra incendios provocados es muy difícil. Con esto no digo que el proyecto Mosaico y todas las acciones de prevención de incendios, sobre todo aquellas que impliquen a la población del territorio, no sean necesarias. Pero también hacen falta profesionales capaces de liderar proyectos como Mosaico Extremadura relacionados con la regeneración y la protección de la dehesa, respaldados con fondos públicos y poniendo a los recursos naturales por encima de intereses particulares. Para eso hacen falta políticas públicas comprometidas de verdad con la dehesa.

La dehesa se muere. No es hablar por hablar. En los planes de gestión de grandes fincas no se incluye el futuro como variable, ni siquiera en las fincas comunales. Solo se habla de rentabilidad a corto y medio plazo, de certificación voluntaria de productos, con mecanismos más que cuestionables y de formas de intensificación de la actividad. La biodiversidad no está entre las preocupaciones de los que toman decisiones. Las políticas de densificación y reforestación son manifiestamente ineficaces e insuficientes. Meras transferencias de fondos públicos a empresas privadas que llenan las dehesas de chatarra mientras la mayoría de los árboles no sobrevive ni un año. Y ahí queda después la chatarra

Esto es una vergüenza. El gobierno se justifica con una estrategia “sostenible” para Extremadura 2030, con una estupenda web y todo el rollo del Emprendimiento Verde, la participación de la ciudadanía y reuniones en castilllos, todo ello sin asumir que son las políticas medioambientales de las últimas décadas las que han llevado a la dehesa a esta situación límite. Mucha palabrería ante un problema que requiere acciones concretas y urgentes. Fondos que permitan a los gestores retirar el ganado de cercas arrasadas, en las que la hierba ya casi se ha sustituido por musgo.

La dehesa es un sistema de explotación muy poco rentable, de este modo, quienes la gestionan no pueden pensar en medidas que reduzcan sus escasos beneficios. Las medidas han de estar financiadas con partidas presupuestarias a la altura, normas contundentes, de obligado cumplimiento y seguimiento, sobre todo para las dehesas boyales. Esto es una vergüenza. Montes públicos sin ningún tipo de control sobre la carga ganadera, las podas o el uso del agua. Es de vergüenza que se subvencionen prácticas que están acelerando el deterioro de este paisaje símbolo de nuestra cultura y parte de quienes somos.

La Ley de la Dehesa de Extremadura llegará muy tarde, si llega, sobre todo porque el objeto de las medidas puede que ya haya desaparecido, si no en su totalidad, sí lo suficiente como para que el daño sea irreparable. Y no es un problema de Extremadura, quien dice Extremadura dice todo el contorno de nuestra comunidad, por lo que no hablamos de una norma regional sino de un problema internacional que afecta a Portugal, Andalucía, Castilla La Mancha y Castilla y León. La dehesa es un ecosistema único en el mundo, por su idiosincrasia y por servir de base para un modo de vida desvirtuado y puesto al servicio del poderoso caballero.

La dehesa necesita muletas porque, con la situación actual, no puede seguir avanzando sola. Se trata de un ecosistema que sólo tiene sentido con la interacción del ser humano, pero esta interacción ha de entender que estamos ante un conjunto de factores que se complementan, todos necesarios, arbolado, matorral, pastos, agua, sol, suelos, ganado, fauna silvestre y personas. Los expertos en gestión integral de la dehesa hablan de soluciones que ya se han puesto en marcha para frenar el avance del desierto en otros continentes como Australia o África: el manejo holístico, que, de forma resumida, no es más que imitar las prácticas trashumantes de la naturaleza, observando los ciclos y la composición de los pastos y reservando espacios durante largos periodos de tiempo para permitir la regeneración natural del arbolado. Esto requiere de un esfuerzo extra en la actividad agroganadera, asumiendo que la dehesa es un sistema agrosilvopastoral (agrícola, ganadero y forestal) muy complejo y que, más allá del aprovechamiento de corcho, madera, hierbas, pastos y bellotas, la dehesa requiere que tanto propietarios y gestores como instituciones públicas se paren a pensar detenidamente en su futuro, respetando su ritmo y favoreciendo la protección y la recuperación de todos los elementos que la conforman, sólo así podremos seguir caminando juntos.

 

 

Ver presentación completa sobre LOS RETOS DE LA DEHESA, Pecha Kucha en Lafábrika Detodalavida. Noviembre 2016.