El equinoccio y la reciprocidad

Si nos ayudamos, lo conseguimos, no cabe duda. Ese es el mensaje que esta nueva cubierta lanza desde el corazón de la dehesa. En la reciprocidad está la respuesta, en repartirse el peso de forma equitativa, en asumir cada cual su propia responsabilidad, conscientes de que si no es así, todo se viene abajo.

Para colocar esta maravilla encima del muro han hecho falta amigas y amigos que, igual que la estructura que hemos creado, precisaba de organización, comunicación y coordinación.

Coincidiendo con el equinoccio, tiempo de cosechar y momento de equilibrio, el chozo vuelve a ser testigo de un encuentro mágico, cargado de emociones, abrazos y armonía. ¡Qué mejor cosecha!

Gracias Berna, Piqui, César, Morán, Carlitos, Ana y gracias hermano.

Hoy la noche será más larga que el día. Es momento de recogimiento, de prepararse para el invierno y, ojalá, para las lluvias. Aún queda mucho trabajo por hacer, pero hoy es sin duda, otro de esos días históricos para este proyecto, que no es otra cosa que el reflejo de la ayuda de quienes deciden pasar por aquí a dejar lo mejor de sí mismas. Solo espero que esta sensación sea recíproca.

Camuflaje
El chozo en la jesa
Salón comedor provisional

Todo es provisional

Hasta que llueva, y lleva ya unos meses sin llover, se puede tener el salón-comedor a la sombra de la encina. Que quien a buen árbol se arriba, buena sombra le cobija. ¡Menudo lujo! Eso sí, provisional.

Mientras disfruto de este peculiar espacio, mi cabeza viaja por las calles del pueblo buscando un hogar en el que colocar pilistras, sardinas, manolas, aureolas, ficus y compañía. La provisionalidad del escenario lo hace aún más atractivo. Busco un hogar provisional. Me gustan los cambios ¡Todo el día moviendo macetas! De corral en corral. De portón en portón. Buscando bóvedas, alacranes, pesebres y atrojes. Llamando a los herederos de aquellos que un día contruyeron nuestro pueblo. Con tierra, cal piedras y mucho, mucho esfuerzo.

En cuanto entro en la casa me voy derecho al topetón. Todas tapiadas, chimeneas cercenadas porque “entraba mucha mierda” ¡El coño vuestro! ¡Qué poquitas quedan ya en las que se puede hacer una buena candela! ¡Y cuánto puto terrazo! Con las lanchas que debía haber visto.

¡Quién le iba a decir a aquellos albañiles que estas casas eran provisionales!

Provisionales han sido los pajares y las cuadras, los poyos y los pozos, provisionales los doblaos y el paso de la sala a la alcoba. ¡Una buena obra que dure toda la vida! ¡Menudos destrozos! ¡Qué pérdida tan grande la de esa historia que se va en cada una de esas casas! Si con los jóvenes se nos va el futuro, con nuestro patrimonio se esfuma nuestro pasado.

Sin embargo es esa provisionalidad la que hace todo mucho más especial. Disfrutarlo sabiendo que será por poco tiempo. Observarlo como algo a punto de desaparecer para siempre. Como la vida misma.

¡Cómo me gusta este salón-comedor provisional!

* Y bueno, lo de las casas, a pesar de la tragedia, quedan algunas espectaculares. Si conoces alguna en Salvaleón que pueda visitarse para rememorar viejos tiempos, te agradecería más información.

Agua inesperada

Ya hacía meses que no llovía.

Es asombrosa la capacidad de las encinas para soportar  meses y meses de sequía. Resistir esos vientos secos y cálidos que embisten sus copas,  sostenidas por ramas, que más que ramas son los jeroglíficos de nuestra historia.

Ramas fuertes por naturaleza, debilitadas por los negocios de los pueblos.

Este agua inesperada devuelve el polvo al suelo, levanta olores y sensaciones de otoño y alegra el verde de las hojas.

 

Encinas, a sus puestos

Las encinas resisten. Son fuertes. Son el batallón en el frente contra el silencioso ejército que avanza con el desierto.

Hoy reciben el aviso de los batallones lusos, mensajes de humo que llegan advirtiendo de un desastre que, lejos de combatir, aceleramos con nuestras prácticas, bien por abandono bien por sobreexplotación, es cuestión de gestionar con cabeza y, sobre todo, con corazón.

El Bosque Mediterráneo y, por ende, La Dehesa, claman socorro a quienes lo han llevado al abismo. Nosotros, las civilizaciones mediterráneas, a las que acogieron aquellos bosques prósperos y generosos, somos hoy responsables de devolver al entorno el equilibrio natural del que, como especie autóctona, requerimos para mantener nuestra forma de vida.

 

Campaña elecfloral

No sé a quién votar. La verdad es que todas están haciendo muy buena campaña. Están mostrando sus mejores flores, pero ya sabemos que luego llega el invierno y tó se queda en ná. 

La verdad es que viéndolas así de espléndidas, tan rojas, tan moraditas, tan coloridas, tan echás palante, entran ganas de dejarse convencer por sus cantos de sirena, aplaudir cuando se ponen de cara al sol, cada una entonando su himno, soberbias y altivas. Todas ellas animadas por ejércitos de yerbas comunes que las vitorean, en un afán de sentirse parte de algo, aunque sea solo durante un par de semanas.

¡Qué más da si son venenosas o duran tres días! A mi madre le gustaba la roja y yo para las azules ni miro. Las lilas me llaman la atención, mucho, pero las conozco hace poco y no me fío, el año pasado salieron muchas, pero este año, ¡ni la mitad! Han salido algunas naranjas, preciosas, ¡con unas ganas! Pero me tienen mosca, el color les cambia de un día para otro, y hay veces que no sabes por dónde van a salir.

Y están las que no florecen nunca, que han entrado en campaña sabiendo que su flor  no hará acto de presencia, no confundamos a estas con aquellas otras flores verdes que se secan antes de madurar, esas pobres, ignorantes, son dignas de lástima, a las que me refiero son a esas otras que le dan vigor al jardín, a esas hojas verdes que recogen la luz para llenar de vida el huerto, el parque y los bosques, esas suelen estar al pie del cañón todo el año, así que creo que finalmente voy a decantarme por el verde de toda la vida, por las que han demostrado fidelidad a pesar de las dificultades. Eso sí, benditas las campañas, que los capullos afloran para engatusar a clientes quienes solo se interesan por el color, y quieras que no, el espectáculo es entretenido.

 

Tierra, agua, aire y fuego

Es la primavera ese tiempo en el que todo es posible.

Explosión en todas direcciones. Risa y llanto sin ton ni son pero con alegría. Optimismo descontrolado. Escenario de la Resurrección de la Vida.

Tierra es mi cuerpo, agua mi sangre, aire mi aliento y fuego mi espíritu.

El instinto salvaje y puro de quien va descubriendo su propia existencia es la esperanza de este mundo, que parece haberse olvidado de su esencia.

Gracias Jara, Diego y Antonio.

Vuestras pócimas mágicas han revitalizado nuestros cuerpos cansados. Vuestra curiosa inocencia ha despertado arco iris y tempestades. Las estrellas aún chismorrean sobre vuestras preguntas indiscretas acerca de su edad y su peso. Tan lejos y tan cerca. Vuestro sueño profundo ha calmado a los demonios del pasado.

No sabéis cuánto han disfrutado vuestras madres, vuestros padres y sus amigos al veros felices y libres.

El chozo os espera con las puertas abiertas de par en par.

 

 

Biodiversología

Son versos, las flores de las pilistras, ocultas entre los tallos de esbeltas hojas verdeoscuras. Y poemas son las abejas zumbando entre el cantueso y el romero. Y las estrofas de menta, tomillo y manzanilla que riman con el jazmín, el orégano y la hierba Luisa. Las gramíneas le dan ritmo al recital de la biodiversidad a este lado de la valla. Más allá no vayas. Quédate aquí y mira la zarza mora, el acebuche, el lentisco y el galapero, que al otro lado de la valla, sola la retama, resiste al desastre de este tiempo tan triste. Aquí caléndulas, margaritas, cardillos, capuchinas, geranios y gitanillas alegran al que da la espalda a la verdad, al que se refugia en la biodiversología para no morir de pena.

 

Conjuros, hechizos y plegarias

“The Howl of the Oak Owl”, así la bautizó Sampo, el tedioso constructor de esta obra de arte. Una creación mística. Un espacio mágico. Una estructura firme, inspiradora, independiente. Abierta y cerrada. Ramas de encinas conectadas entre sí, con el suelo y con el cielo. Hiedra, Madreselva, Capuchinas, Pasionarias, Encinas y Alcornoques hincan sus raíces en la base de esta suntuosa cúpula que tantas sorpresas nos depara.

Versión 2.0 – XiX

Cada día es una oportunidad, sin embargo, hay días cargados de simbolismo que marcan hitos en nuestras vidas, días para el recuerdo, referencias en nuestra propia evolución que, sin dejar de ser otro día más, ayudan a tomar decisiones, inspiran nuevas ideas, reflexiones que van más allá de lo cotidiano y que nos motivan a arrancar, a coger un nuevo impulso.

En el chozo todo está listo para este nuevo tiempo. Una nueva versión mejorada está ya en camino. Las raíces de las plantas se agarran a la tierra enriquecida con las cenizas de tantos y tantos recuerdos, recuerdos que inundan un círculo cada vez más mágico, más cargado de energías y de historias.

El impás del solsticio de invierno sirvió para derribar los restos y sacar de la estancia los escombros, entender la dimensión de lo ocurrido, sentir la pena de todo lo que se perdía y recibir la alegría de una nueva oportunidad.

El sábado 22, Pablo, Antonio, María, mi padre, Alejandro, Morán, Carlitos, Irene, Sara, Álvaro y José Manuel llegaron cargados de energía para dar ese primer paso, duro, muy duro. Encender una hoguera para quemar todo lo que el fuego no enguyó aquella tarde de domingo, separar la tierra del metal, del vidrio, de las piedras. Amontonar cañas, madera, deshacer lo poco que queda del porche y hacer balance, recuperar plantas y momentos vividos y compartir unas migas ricas ricas.

22 diciembre

El domingo 23 sentí que el mundo se detenía, quise salir corriendo. La interpretación de la imagen que tenía ante mi no era tan optimista, pero no hay nada que no arregle un paseo por Monte Porrino. Por la tarde llegó Jonatán, como un ángel caído del cielo y más tarde llegó Remi, que dejaba atrás una historia de desengaños, hadas, brujas, sueños y amenazas. Compartimos una candela dentro del chozo, entre escombros, canciones y miradas que se perdían entre las llamas.

Llegó el día 24, último día de solsticio. Limpieza. Los restos del chozo se repartieron por alrededor de la valla, creando un paraíso para insectos, animalitos y arropando a los romeros, mirtos, tomillos, encinas, alcornoques, frutales, acebuches, cornicabras, ajos, cebollinos y demás compañeras que crecen por el perímetro, enriqueciendo esa tierra con ceniza, tierra y cal, los materiales de los que estaba hecha la cúpula. Restos de otros materiales quedaron listos para salir por donde vinieron. El agua limpió el muro y el suelo tiznados por el humo y los restos del fuego. La cena de nochebuena fue sobria, procedimental. Padre, hermanos, ángel y espírtu santo, música en directo y temprano a dormir.

WhatsApp Image 2019-01-01 at 10.36.27El 25 es el día del nacimiento. Cuando la luz vence a la oscuridad. Los días empiezan a crecer. ¡Y Genara parió, y fueron dos, macho y hembra! Visitamos el chozo y meditamos. Había imágenes familiares, de los tiempos en los que aquella cúpula era un sueño, una idea vaga, cuando el muro alcanzaba su parte más alta y se dibujaban las ventanas, las puertas. Imágenes que ahora se repiten e inspiran nuevas ventanas y nuevas puertas. Crecer a partir de los errores cometidos, aprender las lecciones que la vida nos da.

 

 

En los días siguientes, habituales como mi primo José Antonio,  Louise, una voluntaria joven y cargada de energía, tomaron la iniciativa pico, pala y dibujos.

 

5 días ha durado la candela. Ya está. Todo listo para empezar de nuevo.

 

Y una nueva jaima para reguardarnos del frío y de la lluvia mientras todo vuelve a tomar su rumbo, tan sorprendente y original como hasta ahora.