Pide un deseo, Catalina

La abuela Catalina llega al chozo invadiendo baúles, cajones y pollatas con detalles que portan la chispa que salía de aquellos ojinos alegres y esa carina redonda. Suelos de colores intensos para dar vida un piso aburrido y polvoriento. Loza de zinc, cazos chiquininos y botellas de casera Revoltosa. Objetos de cobre que adornaban el zaguán por donde la familia Sanz salía y entraba de la calle, una calle de Orellana la Vieja.

Pasillo arriba y pasillo abajo sacando brillo a baldosines de un gris sufrido,  flanqueados por una cenefa de baldosas con motivos amables que bajan hacia el patio, arropadas por otras que, escondidas bajo los muebles, suben hacia la calle. “A. S.” bordó alguien en la cortina de aquella puerta de inmenso postigo azul. Y el 3 indicando el destino a las misivas.

Bajando, a la derecha, la sala y la alcoba, separadas por un escalón y por colores que a una llenaron de alegría y a otra dieron sobriedad. Sería la alegría por causa de la ventana, la de aquella calle de Orellana, que daba luz a unos suelos de formas blancas y verdes y rojas y amarillas, sobre un fondo gris que cedía el protagonismo a colores vivos y curiosos que se asomaban por la ventana, la de aquella calle de Orellana. La seria sería la alcoba, con  fama de oscura y fría, ¿quién sabe qué secretos guardaría?

Salieron sin protestar: telas, velas, armarios, sillas, sillones, tresillos, butacas, mecedoras y, quizás, alguna descalzadora, tapizados en skay y estampado, dejaron  su domicilio entregados a un futuro mejor, como lo hicieron los otros inquilinos de aquellas bóvedas sostenidas por anchos muros de tierra y piedra.

El pozo de agua clara ya no precisa de la cuba de lata, el patio ya no tiene puerta, ni el doblao tiene tejao y las vecinas se fueron hace tiempo.

Gracias por aquella noche estrellada, la última que regalaste a tus huéspedes, y por la generosidad con la que te has desprendido de todo cuanto te quedaba.

Ojalá el tiempo te cubra pronto de encinas y de vida.

 

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La puerta al solsticio de invierno

Cuando el chozo empezó a levantarse del suelo, hace ya más de tres años, eran días fríos en los que el sol se alzaba casi por el Risco Barbellío. Por aquel entonces nadie pensó en solsticios pero algo nos empujó a plantear la puerta mirando hacia ese amancer, hacia el solsticio de invierno. A medida que el chozo crecía, esta puerta, a pesar de ser amplia y robusta, ha sido un elemento discreto, a menudo olvidado. Sin embargo, nos tenía preparada una sorpresa muy especial.

Al despertar, tras la primera noche en la que el chozo acogió en su interior a personas tan especiales como Joni, La Churre, Judith, Roman y ¡Océane! junto con Coko, Thekla, Mati y Gato, la puerta se abrió para dar la bienvenida al sol en el final de su viaje anual hacia el Risco.

La puerta al solsticio de invierno. Esa es la puerta del chozo, la que da la bienvenida al sol en el día en el que la luz vence a la oscuridad, cuando las noches empiezan a ceder espacio a los días y cuando la esperanza renace con toda su fuerza. Ese día, el amanecer ilumina el chozo desde dentro, como una candela que se enciende al alba, convirtiendo la puerta en una ventana hacia un espectáculo que, año tras año, nos trae el mensaje de vida de nuestros ancenstros, aquellos cuya referencia era el cielo y que interpretaban los astros, los vientos, la luna y el sol para organizar sus vidas.

En los tres años que el chozo lleva creciendo, las fechas que rodean a los soslticios han recibido amigos con los que hemos compartido comilonas, risas y abrazos. ¡Este año no ha sido menos! Gracias Judith, Román y Océane por poner el chozo, una vez más, en vuestro camino, Churre, por esta visita y por tanto amor y a mi amor, por abrir la puerta al solsticio de invierno.

 

Louise & Anders & the cats

Libertad, frescura, inquietud, reflexión, calma, sonrisas, espontaneidad, comprensión, sorpresas, respeto, ayuda, voluntad. Son las palabras que se me vienen a la cabeza el día en el que Louise y Anders se han marchado del chozo.

Llegaron de forma casual. Justo el día en el que decidí hacer una pausa indefinida en la recepción de voluntarios en el chozo. Por algún motivo, justo ese día, ellos se ofrecieron a prestar su ayuda a cambio de un lugar donde aparcar su furgoneta mientras el frío otoño y el insufrible invierno van pasando por Suecia, su país de origen.

Llevan ya muchas experiencias vividas. Viajes por medio mundo de los que se han nutrido para, según decían, “ayudar a las personas que conocen a alcanzar sus sueños”. Qué hermoso cometido en la vida, aunque sólo sea durante un tiempo.

Al chozo han traido su creatividad, hermosos mensajes de conexión con la vida, detalles que hacen aún más especial cada “rincón” de este círculo de piedra que han invadido con sus ganas de vivir y sus disparatadas ideas.

Los gatos los echarán de menos, creo que los árboles también.

Experiencias enriquecedoras

Probablemente sean esas experiencias que deseas que pasen cuanto antes, de las que más se aprende.

En los últimos meses han pasado personas muy especiales por el chozo. Jelle y Anna, Lola y Lucas, Judith y Theo. Tres parejas muy dispares, con proyectos muy distintos y que han dado al chozo un nuevo impulso, otro, tan importante y espontáneo como los anteriores. Más espacio y más orden, experimentos, plantas sembradas con amor y cabeza y material audiovisual de calidad, respectivamente.

Primero llegaron los belgas Jelle y Anne, allá por el final del mes de agosto, con su autocaravana y con una experiencia nómada de unos cuantos meses. Arquitectos, fotógrafos, artistas y veganos. Gente sana en todos los aspectos. Creativos, ordenados, serios, abiertos, respetuosos. Y con todas esas cualidades se pusieron manos a la obra.

 

Pronto llegaron Lola y Lucas. Brasileños. Instructura de Yoga y artista de guitarra y uña limpia. Llegaron tarde, con cierta confusión y mucho equipaje, expectativas y preguntas, muchas preguntas con respuestas inesperadas. Pronto surgieron hernias del pasado y anhelos de wi-fi que alejaron a estos artistas del chozo.

La abuela de los belgas murió y ellos también tuvieron que alejarse, así que Lola y Lucas, ocuparon la autocaravana y sus enchufes durante los escasos días que permanecieron. Ante su incapacidad temporal, les pedí que generaran material audiovisual del chozo y su entorno. En esos días intentamos conectar pero los esfuerzos fueron en vano. Ni sus expectativas ni las mías fueron satisfechas. ¡Malditas expectativas! Con lo sano que es no esperar nada. Marcharon y tras su marcha les eché en cara todo lo mal que me sentí, los culpé, y me equivoqué. Gran lección la que Lola y Lucas me han dado, primero por no contestar a mis acusaciones y segundo, por el gran trabajo que han realizado sobre el chozo.

 

Se fueron los brasileños y legaron los franceses. Judith y Theo. Una historia de amor, de autodescubrimiento, de viaje hacia el interior y de conexión con la vida. Repetían la palabra permacultura, procuraban mejorar todo lo que pasaba por sus manos o por su mente. Sembraron vida y buenos propósitos, también ocuparon la caravana, trataron de ahorrar agua y desparramaron una energía maravillosa, sin parar de sonreir. Jóvenes que buscan soluciones a los retos que se les plantean de una forma respetuosa y decidida. Y volvieron los belgas.

Judith y Theo

Y compartieron unos días en los que todo se multiplicó. Y el chozo avanzó.

Finales de septiembre. Finales de octubre. Sigue sin llover.

Muletas para la dehesa

Ahora que el calor ya lo ha secado todo, justo cuando la montanera empieza asomar la cabeza, ahora que se cargan de peso las encinas y los alcornoques, justo ahora es cuando habría que llenar las dehesas de muletas. Ahora es cuando empieza el espectáculo del decaimiento del arbolado. Enormes ramas obligadas a crecer de forma horizontal, se romperán en las próximas semanas a poco que haga un poco de aire o venga una tormenta, para alegría de los que esperan hacer leña del árbol caído, y para desesperación de quienes vemos desaparecer árboles centenarios, símbolos de un paisaje maltratado. Justo ahora, que es cuando se empieza a rogar al cielo para que las aguas de septiembre no se demoren, ahora es cuando podemos imaginarnos nuestros pueblos rodeados de un ancho desierto, con arroyos secos, ancianas encinas agonizando y ganaderos diciendo que hay que seguir “limpiando las fincas y los árboles, que así es como se ha hecho toda la vida, ¡cago en …!”.

Las encinas se quedan mancas, cojas y tuertas”, así lo decía en su blog ciudad-dormida V. Manuel Pizarro hace ya un tiempo cuando aseguraba que “la dehesa se muere”. Las encinas no crecen de forma horizontal, así es como las obligan a crecer gestores y  cortadores por motivos más que discutibles. Lo que no se puede discutir es que esta práctica, prolongada en el tiempo, provoca la fractura de los ramales más grandes de estos árboles centenarios, abriendo heridas de muerte en un tronco debilitado por las epidemias de insectos y la sequía, asegurando su muerte en el corto o medio plazo. Unos lo llaman seca, otros cambio climático, sea lo que sea, lejos de combatirlo, lo estamos agravando.

En la dehesa se está produciendo una desestructuración total de la biodiversidad”, así lo aseguraba hace unos meses el presidente del Foro Encinal, J. L. García-Palacios, una de las entidades más comprometidas con las amenazas de este ecosistema que presenta una nula regeneración en más del 70 % de los más de 4 millones de hectáreas que ocupa en el suroeste de la península ibérica. Esto, sumado a la desaparción de gran cantidad de especies de aves, pequeños mamíferos, insectos y depredadores.

No hay que ser muy inteligente para entender que si durante 50 años no nacen árboles, si el suelo se compacta con el pisoteo del ganado, sobre todo de las vacas, si los veranos se estiran hasta noviembre y los gestores siguen diciendo, convencidos, que esto se ha hecho así toda la vida, el futuro de la dehesa no puede ser otro más que el desierto. Y ahí si que no habrá problemas de incendios, queridos expertos, cuando no quede nada que pueda arder, podremos seguir limpiando bosques de pinares y matorral mediante innovadoras y participativas técnicas de manejo del ganado, pero de la olvidada dehesa quedará poco, muy poco.

La lucha contra incendios provocados es muy difícil. Con esto no digo que el proyecto Mosaico y todas las acciones de prevención de incendios, sobre todo aquellas que impliquen a la población del territorio, no sean necesarias. Pero también hacen falta profesionales capaces de liderar proyectos como Mosaico Extremadura relacionados con la regeneración y la protección de la dehesa, respaldados con fondos públicos y poniendo a los recursos naturales por encima de intereses particulares. Para eso hacen falta políticas públicas comprometidas de verdad con la dehesa.

La dehesa se muere. No es hablar por hablar. En los planes de gestión de grandes fincas no se incluye el futuro como variable, ni siquiera en las fincas comunales. Solo se habla de rentabilidad a corto y medio plazo, de certificación voluntaria de productos, con mecanismos más que cuestionables y de formas de intensificación de la actividad. La biodiversidad no está entre las preocupaciones de los que toman decisiones. Las políticas de densificación y reforestación son manifiestamente ineficaces e insuficientes. Meras transferencias de fondos públicos a empresas privadas que llenan las dehesas de chatarra mientras la mayoría de los árboles no sobrevive ni un año. Y ahí queda después la chatarra

Esto es una vergüenza. El gobierno se justifica con una estrategia “sostenible” para Extremadura 2030, con una estupenda web y todo el rollo del Emprendimiento Verde, la participación de la ciudadanía y reuniones en castilllos, todo ello sin asumir que son las políticas medioambientales de las últimas décadas las que han llevado a la dehesa a esta situación límite. Mucha palabrería ante un problema que requiere acciones concretas y urgentes. Fondos que permitan a los gestores retirar el ganado de cercas arrasadas, en las que la hierba ya casi se ha sustituido por musgo.

La dehesa es un sistema de explotación muy poco rentable, de este modo, quienes la gestionan no pueden pensar en medidas que reduzcan sus escasos beneficios. Las medidas han de estar financiadas con partidas presupuestarias a la altura, normas contundentes, de obligado cumplimiento y seguimiento, sobre todo para las dehesas boyales. Esto es una vergüenza. Montes públicos sin ningún tipo de control sobre la carga ganadera, las podas o el uso del agua. Es de vergüenza que se subvencionen prácticas que están acelerando el deterioro de este paisaje símbolo de nuestra cultura y parte de quienes somos.

La Ley de la Dehesa de Extremadura llegará muy tarde, si llega, sobre todo porque el objeto de las medidas puede que ya haya desaparecido, si no en su totalidad, sí lo suficiente como para que el daño sea irreparable. Y no es un problema de Extremadura, quien dice Extremadura dice todo el contorno de nuestra comunidad, por lo que no hablamos de una norma regional sino de un problema internacional que afecta a Portugal, Andalucía, Castilla La Mancha y Castilla y León. La dehesa es un ecosistema único en el mundo, por su idiosincrasia y por servir de base para un modo de vida desvirtuado y puesto al servicio del poderoso caballero.

La dehesa necesita muletas porque, con la situación actual, no puede seguir avanzando sola. Se trata de un ecosistema que sólo tiene sentido con la interacción del ser humano, pero esta interacción ha de entender que estamos ante un conjunto de factores que se complementan, todos necesarios, arbolado, matorral, pastos, agua, sol, suelos, ganado, fauna silvestre y personas. Los expertos en gestión integral de la dehesa hablan de soluciones que ya se han puesto en marcha para frenar el avance del desierto en otros continentes como Australia o África: el manejo holístico, que, de forma resumida, no es más que imitar las prácticas trashumantes de la naturaleza, observando los ciclos y la composición de los pastos y reservando espacios durante largos periodos de tiempo para permitir la regeneración natural del arbolado. Esto requiere de un esfuerzo extra en la actividad agroganadera, asumiendo que la dehesa es un sistema agrosilvopastoral (agrícola, ganadero y forestal) muy complejo y que, más allá del aprovechamiento de corcho, madera, hierbas, pastos y bellotas, la dehesa requiere que tanto propietarios y gestores como instituciones públicas se paren a pensar detenidamente en su futuro, respetando su ritmo y favoreciendo la protección y la recuperación de todos los elementos que la conforman, sólo así podremos seguir caminando juntos.

 

 

Ver presentación completa sobre LOS RETOS DE LA DEHESA, Pecha Kucha en Lafábrika Detodalavida. Noviembre 2016.

Ayuda inesperada.

Tras días de trabajo en soledad, de avances importantes, reflexión, limpeza, orden, siembra y tormentas, Lucile decidió venir a pasar unos días, Carlitos llamó para echar una mano en su día libre y Jon prefirió preparar las actividades del campamento aquí con nosotros en vez de quedarse en la capital de reino.

¡Por fin el nuevo porche se llenó de conversaciones!

José Jacinto también quiso traer a sus amigos y a su hermana Talía. Un grupo de chicos que casi sin mediar palabra se pusieron manos a la obra, todo ello, con la dirección de obra de la experimentada Talía, que ya había venido en varias ocasiones a colaborar.

Lucile y yo habíamos preparado una gran cantidad de barro y paja con la tierra que Carlitos había picado el día antes, así que todo estaba listo para empezar a subir barro y piedras a la terraza que, por cierto, ¡quedó prácticamente acabada! … ¡Más barro! ¡Más piedras! ¿De dónde eres? ¿Cómo te llamas? ¡Más barro! ¡Más piedras!

De repente se formó una cadena de trabajo de las que funcionan. Quizá fue porque el objetivo estaba muy definido, porque sabíamos lo que queríamos hacer, porque estábamos seguros de que la velada que nos esperaba iba a ser genial, porque el horno estaba encendido, porque todos quisimos dar lo mejor de nosotros mismos o quizá fue por la conjunción de todo esto por lo que en la tarde-noche del martes 27 de junio hubo una explosión de energía en el chozo. La noche acabó entre conversaciones filosóficas, preguntas al universo y críticas a la tierra.

Y las estrellas brillaron de una forma especial, como cada noche.

Desde Zafra a Camerún

Pasando por Almendralejo, Feria y Madrid.

El encuentro del pasado fin de semana surgió de forma espontánea aunque llevaba tiempo acechando. Había habido varias conversaciones de estas que terminan con un “a ver cuándo vamos al chozo a echar una mano”. Y vaya que si habéis echado una mano.

Una vez mas, a pesar de todo lo que se ha avanzado, lo importante ha sido el impulso, un empujón tras un tiempo de reflexión. Y volver a llenar el chozo de vida, de instrumentos, de conversaciones.

Daniela y Adela han salpicado de alegría cada instante. Fabrikantes, cantantes, músicos,  músicas, arquitectas de sueños, oriundos y forasteros han vuelto para seguir construyendo.

Nuevas sombras para el verano, aceras, telares de caña. Cada vez falta menos para que el chozo sea un espacio habitable en días de tormenta.

Y fue 10 de junio cuando además apareció “Duti”. Lo digo por si se queda, que parece que sí…

Gracias de nuevo.